La industria española recupera terreno gracias a menores costes laborales y una mayor diversificación

La producción manufacturera vuelve a niveles previos a la guerra

La industria española ha mostrado una mayor capacidad de resistencia ante las crisis energéticas que otros países europeos. Según un estudio de la aseguradora de crédito Coface, la combinación de una producción más diversificada y unos costes laborales inferiores ha permitido a España recuperar los niveles de producción manufacturera anteriores a la guerra en Ucrania, mientras economías como Alemania e Italia siguen por debajo de esas referencias.

El PMI manufacturero español, elaborado por S&P Global, repuntó en septiembre por primera vez en cuatro meses y alcanzó los 51 puntos. En Alemania, el indicador se situó en menos de 54 puntos ese mismo mes, frente a los cerca de 60 puntos que registraba antes de la invasión rusa de Ucrania. Italia tampoco ha conseguido volver a los niveles anteriores a febrero de 2022.

Esta evolución coincide con un crecimiento económico sólido en España, que acompaña la recuperación del sector industrial.

La ventaja salarial compensa el déficit de productividad

El incremento de la producción se apoya, sin embargo, en unos costes laborales notablemente más bajos que los de otras grandes economías de la eurozona. En 2025, los costes laborales españoles eran un 40% inferiores a los de Francia y un 43% menores que los de Alemania, de acuerdo con Coface.

«Esta diferencia permite a España seguir siendo especialmente competitiva: sus menores costes laborales compensan con creces su déficit de productividad», señala Laurine Pividal, economista para el sur de Europa de Coface y autora del informe.

No obstante, la aseguradora advierte de que esta ventaja puede ser frágil. Entre 2022 y 2025, los costes laborales en España aumentaron un 14%, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Mientras tanto, el valor añadido por persona ocupada crece a un ritmo cercano al 4%, por lo que la productividad avanza mucho más lentamente que los costes.

Además, la concentración de la creación de empleo en sectores de bajo valor añadido constituye un riesgo para el futuro. Según el estudio, esta situación podría alterar el equilibrio actual y amenazar el crecimiento industrial.

Diversificación y menor exposición a la energía

La diversificación sectorial también ayuda a explicar por qué la industria española avanza mientras Alemania e Italia permanecen rezagadas. Estos dos países basan una parte relevante de su producción en la automoción, la maquinaria y la metalurgia, actividades especialmente vulnerables a las crisis energéticas, como las vinculadas a la guerra en Ucrania y a la actual guerra en Irán.

España, por el contrario, se beneficia de «una diversificación más equilibrada, así como de una dinámica sectorial más sólida» que Francia, Alemania, Italia y Reino Unido, especialmente en industrias de mayor valor añadido y elevado consumo energético, según Coface.

Las renovables reducen la dependencia del gas

El impulso de las energías renovables ha contribuido a reducir la dependencia española del gas y, con ello, el impacto de las crisis energéticas sobre los precios. Esta circunstancia beneficia tanto a los consumidores como a las empresas, aunque el efecto no se traslada plenamente a las facturas de los fabricantes.

«Alemania da muchas ayudas a las empresas que consumen mucha energía y por eso tenemos un precio final más o menos equivalente», explica Pividal.

Coface atribuye esta situación a la reducción de subvenciones, el aumento de los costes de red y el retraso en las inversiones en infraestructuras eléctricas y almacenamiento.

Inversión pendiente en la red eléctrica

España invierte únicamente 0,30 dólares en la red eléctrica por cada dólar destinado a energías renovables, frente a los cerca de 0,70 dólares de la mayoría de los países europeos. Esta falta de inversión provocó que en 2025 se restringiera hasta un 11% de la generación renovable debido a las limitaciones de la red, según Laurine Pividal.

Aun así, Coface considera que este potencial puede desarrollarse durante la próxima década. La posible eliminación en Alemania, para 2030, de las subvenciones a industrias con gran consumo energético y el plan español para destinar 17.900 millones de euros adicionales a la red eléctrica podrían reforzar la competitividad de la industria española.