El sistema bancario español ha estado bajo el esquema de un oligopolio durante años. Desde el estallido de la Gran Crisis Financiera en 2008, la concentración en el sector bancario ha crecido drásticamente, con el número de entidades relevantes disminuyendo de 45 a 10 debido a las nacionalizaciones y fusiones. A pesar de este cambio, las autoridades bancarias no ven la situación como alarmante, basándose en los indicadores utilizados para analizar los riesgos a la competencia. Sin embargo, el semáforo que utilizan para medir el nivel de concentración en el mercado ha estado cambiando hacia tonos de amarillo creciente desde 2018 y podría moverse hacia el nivel rojo con la posible fusión del BBVA y el Sabadell.

Para medir el nivel de concentración bancaria en el continente, el Banco Central Europeo (BCE) utiliza el índice de Herfindahl e Hirschman, un indicador comúnmente empleado por los principales organismos de defensa de la competencia para analizar la situación de un mercado y aprobar o desaprobar operaciones de fusión. Esta medida da más peso a las compañías más grandes. Según el BCE, un nivel inferior a 1.000 indica una baja concentración, mientras que un nivel entre 1.000 y 1.800 indica una concentración media, y cualquier valor por encima de 1.800 sugiere una alta concentración.

En 1999, el primer año en que el BCE proporciona datos, el sector financiero español tenía una cota muy baja de 427, que apenas creció a 459 en 2007, el año previo a la Gran Crisis Financiera. La desaparición de decenas de entidades, absorbidas por otras más fuertes, llevó al índice a superar la barrera de 1.000 en 2018, en gran parte debido a la absorción del Popular por parte del Santander. Desde entonces, la integración de Bankia por parte de CaixaBank, y en menor medida de Liberbank por Unicaja, han elevado el índice a 1.327 al cierre de 2022.

La hipotética absorción del Sabadell por el BBVA podría añadir entre 200 y 250 enteros al índice, según las previsiones del mercado. Cabe destacar que cualquier fusión implica una serie de ajustes que resultan en una cuota de mercado diferente a la simple suma de las cuotas de las entidades individuales. Además, los grandes bancos podrían seguir ganando cuota en 2023, lo que apunta a que el índice podría alcanzar niveles de alrededor de 1.600 después de la fusión BBVA-Sabadell, acercándose a los 1.800 que marcan el inicio de la zona roja del semáforo.

Otra forma de medir el impacto de la fusión en la competencia es a través del otro indicador que el BCE sigue: la cuota de mercado de las cinco principales entidades de un país. Este indicador también refleja la concentración que ha ocurrido en el sistema español en los últimos años, pasando del 40.3% en 1999 al 69.59% en 2022. El Banco de España sugirió el año pasado en un informe que este es uno de los factores que explican que el tipo de depósitos en España haya subido menos de lo esperado en los últimos dos años. Según las estimaciones, la unión del segundo y cuarto banco más grande de España podría aumentar este indicador a un nivel de entre el 72% y el 74%.

¿Podría esto llevar a las autoridades a prohibir la fusión debido a su efecto en el sector? Parece muy improbable. La normativa de competencia europea de 2004 considera que un nivel inferior a 2.000 no es alarmante. Sin embargo, pueden surgir problemas de competencia en determinadas provincias, como las catalanas, donde ambas entidades tienen mucho negocio.

En la fusión de CaixaBank-Bankia, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) realizó un «análisis local«, identificando todos los códigos postales en los que las partes solapan sus actividades. Como resultado, se identificaron 86 códigos postales en los que la entidad resultante quedaba en una situación de «monopolio» o «duopolio expuesta a débil presión competitiva«. La CNMC solo autorizó la operación después de que CaixaBank asumiera una serie de compromisos mitigadores, una situación que probablemente se repetiría si se consuma la unión BBVA-Sabadell.

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha sostenido que es fundamental mantener una «situación competitiva en el sector financiero» que permanezca si se produce la fusión y confía en que la CNMC «velará» para que así sea. En la carta enviada por BBVA al Sabadell con su oferta, se señala que la operación está condicionada a obtener las autorizaciones necesarias, «en particular» las de Cuerpo y la CNMC. A pesar de esto, no se ve como un obstáculo: «Se considera que se podrán obtener las referidas autorizaciones y declaraciones de no oposición de forma satisfactoria y en tiempo y forma«.