Un ejemplar de coipú, un roedor sudamericano que se está extendiendo por el Alt Empordà.

El desafío de detectar la aparición de una especie invasora en un nuevo territorio puede ser monumental. Estas especies, con frecuencia, llegan de manera casi accidental, se expanden de forma sigilosa y, en la mayoría de los casos, sólo se detectan cuando ya se han convertido en una plaga. La comunidad científica ha estado trabajando durante años para incrementar sus esfuerzos en la detección temprana de la irrupción de animales y plantas exóticas con potencial invasor en España. Sin embargo, no siempre es posible desplegar miles de expertos sobre el terreno para monitorear en tiempo real el estado de los ecosistemas.

Una alternativa que está ganando cada vez más fuerza es la ciencia ciudadana. Las iniciativas que combinan los ojos de millones de personas y el conocimiento de los expertos están creciendo en España y, poco a poco, están logrando hallazgos insospechados.

Actualmente, existen decenas de iniciativas de ciencia ciudadana para monitorear la flora y fauna española. Los ciudadanos aprovechan sus paseos y excursiones para fotografiar los animales y plantas que encuentran por el camino. Luego, suben las imágenes a las plataformas correspondientes y añaden toda la información posible sobre la localización de los ejemplares, la fecha del encuentro y algunas observaciones sobre su posible impacto en el ecosistema. Cada proyecto cuenta con un equipo de expertos que se dedica a analizar la información recopilada, identificar las especies y detectar la aparición de especies invasoras.

Un ejemplo muy ilustrativo es el caso de las plantas derivadas de las semillas de chía (Salvia hispanica). La mayoría de reportes sobre la existencia de esta planta tropical en España provienen de información proporcionada por ciudadanos, naturalistas amateurs y científicos de todo tipo. Gracias a esta colaboración, sabemos que esta especie ha brotado en al menos una quincena de lugares de toda la Península en los últimos cinco años.

La plataforma de ciencia ciudadana más popular para el estudio de la naturaleza es ‘iNaturalist’. Esta plataforma suma más de 180 millones de observaciones de animales, plantas e insectos en todo el mundo y casi 480.000 especies identificadas por parte de tres millones de ciudadanos inscritos a la iniciativa y 364.000 expertos dedicados al análisis de los datos recopilados. En España, se han recopilado un total de 3.234.932 observaciones de 31.295 especies distintas.

Gracias a esta plataforma sabemos que, por ejemplo, existe una población cada vez más grande y extendida de coipú (Myocastor coypus) en los alrededores de Girona. Los naturalistas amateurs también informan de la presencia de gansos egipcios (Alopochen aegyptiaca) por la zona de la Costa Brava y Girona. En Barcelona, las especies invasoras más reportadas son las cotorras argentinas (Myiopsitta monachus), las tortugas gravadas (Trachemys scripta) y las ratas grises asiáticas (Rattus norvegicus). También se encuentran observaciones tan singulares como la de una carpa china (Cyprinus rubrofuscus) que, quién sabe cómo, acabó nadando en un estanque de Santa Perpètua de Mogoda.

En conclusión, la ciencia ciudadana está demostrando ser una herramienta potente en el monitoreo de la flora y fauna española, permitiendo la detección temprana de especies invasoras y proporcionando una valiosa información para los científicos y expertos. A medida que más ciudadanos participen en estas iniciativas, es probable que se realicen más descubrimientos insospechados y se logre un mejor entendimiento de los ecosistemas españoles.