La Orquesta Barroca de Sevilla (OBS) ha hecho nuevamente alarde de su compromiso con el talento emergente, al incorporar a cinco jóvenes sevillanos de destacado mérito musical a sus filas. Esta inclusión de nuevo talento en la orquesta, que goza de una gran aceptación entre los sevillanos y llena el teatro Turina cada vez que se presenta, es una muestra de la dedicación de la OBS a la promoción de la música clásica y el desarrollo de jóvenes talentos.
El concierto en cuestión puso en primer plano la obra del compositor Arcangelo Corelli. Su música, magnífica pero de corta duración, ha sido una constante en los programas de la OBS. En esta ocasión, la orquesta también rindió homenaje a Georg Muffat, un austriaco de ascendencia escocesa que se consideraba alemán.
Muffat comenzó sus estudios musicales en París a temprana edad con Jean-Baptiste Lully. Más tarde, viajó por toda Europa, donde conoció a Corelli a través de su maestro, Bernardo Pasquini. La influencia de Corelli, especialmente sus ‘concerti grossi’, inspiró a Muffat a componer sus cinco sonatas de cámara, tituladas ‘Armonico tributo’. Estas sonatas fueron diseñadas para cinco partes, una de las cuales era un violín tenor, normalmente representado por una segunda viola.
El concierto también presentó el primer ‘fasciculus’ (suite) de ‘Florilegium primum’ de Muffat, titulado ‘Eusebia’. Este título puede ser interpretado de varias maneras, desde un simple entretenimiento hasta una referencia al complejo mundo jesuita, o incluso un tributo a la segunda esposa del emperador Constancio II.
La directora de la orquesta optó por una formación ‘abierta’, conformada por cuatro violines I y otros cuatro violines II, además de cuatro violas. Este arreglo permitió destacar la importancia que Muffat otorgaba a estos instrumentos en su música. Sin embargo, la verdadera protagonista de la noche fue la detallada técnica de golpes de arco, utilizada para lograr ritmos complejos de manera uniforme y metódica.
A pesar de la brillante interpretación de la música de Muffat y Corelli, el concierto tuvo un pequeño revés. Hubo una falta de cohesión en la orquesta, una falta de foco en cada sección y en cada momento de la música. Esto resultó en una cierta turbidez en la presentación de las diferentes texturas de la música, algo que fue notorio no solo en las piezas de Muffat, sino también en el ‘Concerto grosso Op. 6 nº4’ en Re mayor de Corelli.
Afortunadamente, la orquesta se recuperó después del descanso, con una interpretación más clara y sincronizada del ‘Concerto grosso Op. 6 nº10’ en Do mayor de Corelli. La intervención del clavecinista Alejandro Casal en los dos Adagios fue notable, ya que demostró un dominio de los tiempos musicales que parecían elásticos en sus manos.
El programa concluyó con una pieza de Francesco Geminiani, un compositor que admiraba a Corelli y Domenico Scarlatti. Geminiani aprovechó la gran popularidad de Corelli en Inglaterra para reinterpretar las sonatas Op.V de Corelli como ‘concerti grossi’. La última pieza fue ‘La Follia’, interpretada con gran éxito por la violinista principal Agnieszka Pastuszka, quien junto a Mercedes Ruiz, se convirtieron en las reinas de la ‘locura’ musical.
Para terminar, la orquesta ofreció dos propinas, ambas del ‘Concierto para dos violines y chelo’ de Antonio Vivaldi. La primera fue el ‘Largo e spicatto’ y la segunda el ‘Allegro’ final. Durante estas dos piezas, Pastuszka demostró su virtuosismo con el violín, proporcionando un espectacular cierre para el concierto.

