El ‘Graf Zeppelín’ sobre Santa Cruz de Tenerife en 1932.

El centenario de una ambiciosa iniciativa que quedó en el olvido está siendo recordado. Hace cien años, se ideó un proyecto para que un enorme dirigible cruzara el Atlántico pasando por las Islas Canarias. La ruta planeada sería una línea regular de dos viajes semanales entre Sevilla y Buenos Aires, con una escala en el archipiélago.

Sin embargo, el proyecto, que acaparó la atención de los medios, nunca se materializó. Los problemas económicos del país y el inicio de la guerra civil en 1936 impidieron que la iniciativa española llegara a buen puerto. A pesar de esto, la historia de las Islas Canarias y los zepelines no terminó ahí. Aunque la parada en las islas no fue posible, su ubicación estratégica en la ruta entre Europa y América permitió que durante los años 20 y 30 las Islas se convirtieran en un punto de paso obligado para los dirigibles.

Hace 100 años, en octubre de 1924, el modelo LZ 126 cruzó el Atlántico desde Friedrichshafen (Alemania) hasta Nueva York en un viaje de 30 horas. Esta aeronave, que fue entregada a las autoridades norteamericanas y renombrada como Los Ángeles, pasó por Tenerife, un hecho que quedó registrado en el documental Im Zeppelin über den Atlantik III. Telil de Neumann Produktion.

Pese a que la línea semanal Sevilla-Buenos Aires con escala en Canarias se comenzó a plantear a principios de los años 20, no fue hasta enero de 1927 cuando se autorizó a la sociedad Colón Transaérea Española. El entonces monarca Alfonso XIII estaba muy interesado en la iniciativa. No obstante, la crisis de 1929 impidió encontrar las inversiones necesarias y fueron los alemanes los que se hicieron cargo de la ruta, adaptándola a sus necesidades.

El Graf Zeppelin, el modelo de dirigible contemplado para el proyecto español, contaba con un volumen de 135.000 metros cúbicos y nueve motores, siete de trabajo y dos de reserva. Medía 250 metros de longitud, 22 de diámetro y 30 de altura, y tenía capacidad para unos 60 pasajeros que podrían disfrutar de cabinas, dormitorios, salones e incluso una cocina.

El Graf Zeppelin realizó su primer vuelo en 1928. En 1930, la Dirección General de Comunicaciones ordenó que la correspondencia fuera lanzada en paracaídas sobre Santa Cruz de Tenerife. Sin embargo, se desaconsejó su lanzamiento debido a que su paso sobre la capital se realizaría a las 4:30 horas de la madrugada.

En 1932, el zepelín pasó por Tenerife y Gran Canaria, repitiendo la ruta en agosto y septiembre. En 1935, el dirigible no solo sobrevoló Santa Cruz de Tenerife, sino que además dejó caer en paracaídas la correspondencia. El paso del dirigible alemán generó gran expectación, especialmente cuando lo hacía durante el día, permitiendo documentar el momento.

La era de estos gigantes del aire se extinguieron tras el accidente del LZ-129-Hindenburg en mayo de 1937. El zepelín se incendió sobre un campo de aviación cercano a Nueva York, causando la muerte de 36 personas. A partir de ahí, la confianza en la seguridad de estos enormes aparatos voladores se desvaneció. Adolf Hitler fue el primero en ordenar la paralización de la flota de dirigibles comerciales. El Graf Zeppelin fue desguazado, y su sucesor, el LZ-130 Graf Zeppelin II, se usó durante un corto plazo de tiempo para fines militares.

Hoy, cien años después, la historia de esos gigantes del aire que una vez surcaron el cielo de las Islas Canarias es recordada con nostalgia y admiración. A pesar de su trágico final, los zepelines dejaron una huella indeleble en la historia de la aviación y en la memoria de los habitantes de las Islas Canarias.

Por Daniel