Veronica Raimo: Escribir como una mujer

El universo literario siempre ha estado sujeto a diversas interpretaciones y prejuicios, y uno de los más comunes es la suposición de que existe un tipo de escritura inherentemente femenina. La idea de que las mujeres tienen un estilo de escritura particular, comparable a la forma en que se cocina una paella valenciana, ha sido una pregunta recurrente en la carrera de muchos escritores.

“Desde mi debut me han preguntado un número vergonzoso de veces: ‘¿Crees que existe una escritura femenina?'», esta es una frase que se ha escuchado en numerosas ocasiones en el ambiente literario, y se ha convertido en una especie de estigma que las escritoras deben enfrentar en su viaje creativo.

La idea de que una narrativa o una prosa puede ser etiquetada como femenina o masculina, es un concepto que necesita ser desafiado. La literatura, como cualquier otra forma de arte, es un medio de expresión que no debe ser limitado por género. La escritura es un reflejo de la mente del autor, y es injusto encasillarla dentro de los límites de género.

Un ejemplo de este prejuicio se vivió en 2007, cuando una autora, cuyo nombre no se revela en el artículo, publicó su primera novela. El comentario común que recibió fue “No parece un libro escrito por una mujer”. En ese momento, se suponía que debía tomar ese comentario como un cumplido, a pesar de que implicaba que su trabajo era de alguna manera menos femenino o excepcionalmente masculino.

Este tipo de comentarios no solo perpetúa el estigma, sino que también refuerza la noción errónea de que la escritura femenina es de alguna manera menos valiosa o seria que la escritura masculina. La idea de que las mujeres deberían escribir de una manera particular o que su escritura debe ajustarse a ciertos estándares de feminidad es obsoleta y restrictiva.

La escritora admite, “con toda la incomodidad que me produce hoy admitirlo, que en ese momento…” aceptó el comentario sin cuestionarlo. Sin embargo, con el tiempo, se dio cuenta de que este tipo de percepciones estereotipadas solo sirven para limitar el potencial de las escritoras y restringir su creatividad.

El sexismo en la literatura no se limita a los comentarios de los críticos o del público lector. También puede ser evidente en la forma en que las obras literarias escritas por mujeres son promovidas y vendidas. Las portadas de los libros, las sinopsis y los géneros a menudo se ajustan a las normas de género tradicionales, lo que refuerza la idea de que las escritoras solo pueden producir ciertos tipos de literatura.

La lucha contra estos prejuicios y estereotipos ha sido una batalla constante para las escritoras en todo el mundo. Aunque se han logrado avances significativos, todavía queda mucho camino por recorrer.

El mundo literario necesita deshacerse de la idea de que existe una «escritura femenina» y aceptar que cada escritor, independientemente de su género, tiene su propio estilo y voz únicos. Cada escritor aporta algo nuevo y diferente a la mesa, y eso es lo que hace que la literatura sea tan diversa y emocionante.

La escritura no tiene género. La creatividad, la imaginación y la habilidad para contar historias no están limitadas por el género. Es hora de que la industria literaria y el público lector reconozcan y celebren esto en lugar de perpetuar estereotipos de género arcaicos y restrictivos.