El Prado reivindica a Ricardo de Madrazo con una muestra de dibujos y acuarelas

El Museo del Prado recupera la figura de Ricardo de Madrazo y Garreta (Madrid, 1852-1917), el miembro menos conocido de una de las grandes sagas artísticas españolas. La exposición Ricardo de Madrazo (Madrid, 1852-1917): dibujos y acuarelas supone la primera muestra que la pinacoteca dedica al hijo menor de Federico de Madrazo, cuya trayectoria quedó ensombrecida por la de su padre, su hermano Raimundo y su cuñado, Mariano Fortuny.

37 obras para recuperar una trayectoria olvidada

La exposición podrá visitarse hasta el 17 de enero de 2027 y reúne 37 obras, todas inéditas salvo dos. El recorrido incluye acuarelas, dibujos, un autorretrato, cuadernos de dibujo realizados entre 1867 y 1917 y documentos personales que abarcan cerca de medio siglo de actividad artística.

El comisario de la muestra, Pedro J. Martínez Plaza, conservador de pintura del siglo XIX del Prado, describe la iniciativa como el regreso del «hijo pródigo del Prado». Las adquisiciones efectuadas por el museo en los últimos años han permitido reunir una selección de sus mejores obras sobre papel y acuarelas.

El Prado conserva siete cuadros de Ricardo de Madrazo —de los que únicamente está expuesto su autorretrato—, 29 cuadernos y más de medio centenar de dibujos y acuarelas. La selección evidencia la variedad de su producción, desde copias de maestros antiguos hasta trabajos orientalistas y escenas costumbristas inspiradas en sus viajes por España, Europa y el norte de África.

Una infancia vinculada al Museo del Prado

Heredero de una dinastía de artistas

Ricardo de Madrazo fue el hijo menor de Federico de Madrazo y nieto de José de Madrazo, pintor neoclásico y fundador de la célebre dinastía artística. José fue padre de Federico, Pedro, Luis y Juan de Madrazo; abuelo de Raimundo, Ricardo y Cecilia de Madrazo, y bisabuelo de Mariano Fortuny y Madrazo.

El artista creció en estrecha relación con el Prado. Su abuelo dirigió el museo entre 1838 y 1857, mientras que su padre ocupó ese puesto en dos periodos: de 1860 a 1868 y de 1881 a 1894. Federico llevaba al pequeño Ricardo al museo cuando era director, según recuerda Martínez Plaza, quien considera que la actual exposición salda una deuda con quien terminó convirtiéndose en guardián de la memoria familiar.

En la Academia de Bellas Artes de San Fernando recibió enseñanza de su padre, de Joaquín Espalter y de los escultores Ricardo Bellver y Ponciano Ponzano. Aunque se formó en el clasicismo, acabó orientándose hacia la pintura de género, especialmente hacia el paisaje y las composiciones orientalistas.

La influencia de Mariano Fortuny y los viajes

Sus acuarelas se distinguen por el colorido luminoso, una pincelada suelta y la creación de atmósferas evocadoras, en contraste con el retrato académico característico de la obra de su padre. Sus estancias en el norte de África y su interés por las culturas mediterráneas fueron determinantes en el desarrollo de estas temáticas.

La relación con Mariano Fortuny, esposo de su hermana Cecilia, resultó decisiva. En 1868 acompañó a los Fortuny a Roma, donde entró en contacto con ambientes artísticos alejados del academicismo madrileño. Allí cimentó su pintura en la observación directa y adoptó la acuarela como instrumento de trabajo cotidiano.

Después viajó a París y Granada, ciudad en la que la familia residió entre 1870 y 1872. La vivienda granadina de Fortuny funcionó como una academia no reglada, y Ricardo trabajó al aire libre junto a su cuñado, pintando patios, rincones del Albaicín y la Alhambra.

Copista, retratista y asesor de coleccionistas

Durante su vida fue un artista reconocido. Ejerció como copista profesional de maestros antiguos, realizó dibujos para revistas ilustradas y fue retratista oficial, como refleja su presencia en el Museo del Ejército.

Entre las piezas expuestas se encuentra su copia de Retrato de caballero anciano, un óleo de El Greco de finales del siglo XVI. Madrazo redujo la pintura a una acuarela de 13 por 12 centímetros. La obra llegó al Prado en 2012 a través de Claude Rico Robert, quien años antes había vendido al museo los cuarenta cuadernos de viaje pertenecientes a su abuelo, el paisajista Martín Rico, amigo íntimo de Madrazo y Fortuny.

Tras la muerte de Fortuny en Roma, en 1874, Ricardo Madrazo se hizo cargo del estudio de su cuñado y catalogó su obra. Más adelante pasó temporadas en Tánger junto a José Tapiró y residió en París antes de instalarse en Madrid hacia 1885. También viajó a Venecia y París, y en la capital española ayudó a su padre a concluir algunos cuadros al final de su vida.

En París se especializó en retratos y paisajes. Por su estudio madrileño pasaron la reina María Cristina, el coleccionista y filántropo Archer Milton Huntington, el marchante Paul Durand-Ruel y el aristócrata Lázaro Galdiano. Su conocimiento de la pintura antigua le permitió actuar además como asesor de destacados coleccionistas españoles y estadounidenses.

Su prestigio alcanzó ambos lados del Atlántico y el presidente de Estados Unidos William Howard Taft le encargó una obra titulada El Parnaso. Sin embargo, su reconocimiento posterior fue menor que el de Federico de Madrazo, Raimundo de Madrazo y Mariano Fortuny.

Una muestra dentro de «Almacén abierto»

La exposición se presenta en la Sala 60 del edificio Villanueva y forma parte del programa «Almacén abierto», destinado a impulsar la difusión de las colecciones del siglo XIX del Museo del Prado.