Los viajeros de un catamarán de Cruceros del Ulla Turimares observan una batea de engorde de almeja mientras degustan mejillón y ostras a bordo.

El sector marisquero gallego se enfrenta a un desafío creciente y es evidente que necesita intensificar sus esfuerzos para cultivar el lecho marino y recuperar la productividad perdida. Las rías gallegas, la vena vital del sector, están sufriendo a causa de la contaminación, la sobreexplotación, una gestión a veces desacertada, el descenso de la salinidad y la preocupante amenaza de los depredadores.

La solución para hacer los bancos marisqueros más productivos implica combatir a los furtivos y a los depredadores, mejorar los sistemas de gestión obsoletos y, sobre todo, emprender acciones como el arado y la oxigenación del substrato.

Una estrategia cada vez más extendida en el sector es la siembra de alevines de especies como la almeja, financiada o impulsada por la Consejería de Mar. Sin embargo, esta estrategia es infructuosa si los bancos marisqueros no gozan de buena salud.

Aquí es donde entra en juego la acuicultura, entendida en su sentido más amplio como el cultivo de especies acuáticas vegetales y animales. La acuicultura implica la cría, cultivo y recolección de organismos acuáticos para el consumo humano.

La crisis del marisqueo ha agudizado la dependencia del sector acuícola, especialmente ante la necesidad creciente de disponer de semilla de almeja apta para su siembra. La semilla, que mide apenas 2 o 3 milímetros, es adquirida tanto en los pocos criaderos gallegos existentes, como en otros asentados en Francia y Portugal.

Empresas como la vilagarciana Proameixa y A Ostreira, con sede en O Grove, son dos de las empresas arousanas que mejor representan la vinculación del marisqueo tradicional con la acuicultura. Proameixa se dedica a mimar la semilla de almeja en cestos suspendidos en bateas para que se alimente y crezca hasta alcanzar los 15 o 18 milímetros.

La empresa A Ostreira se dedica a la producción y engorde de la semilla de bivalvos. Con la ayuda de embarcaciones como la auxiliar de acuicultura «Gavilán», de 15 metros de eslora, sus operarios suministran la cría de almeja a muchas de las cofradías gallegas.

La importancia de realizar este proceso de engorde de la cría en batea radica en que “la almeja que se siembra en playas procedente directamente de los criaderos, con una talla inferior a 7 milímetros, tiene una supervivencia de aproximadamente el 50%”. Sin embargo, si se cultiva y engorda en batea hasta alcanzar entre 15 y 20 milímetros, “la supervivencia se sitúa en torno al 95%”.

Una apuesta clara por la acuicultura aplicada al marisqueo se refleja en el caso de Proameixa y el criadero grovense A Ostreira, nacido hace cuarenta años y cuyos responsables anunciaron hace un año la necesidad de ampliar sus instalaciones para seguir creciendo.

En definitiva, la acuicultura puede ser la clave para revitalizar el sector marisquero gallego, al combinar técnicas tradicionales con la innovación en la gestión y el cultivo de moluscos. La amenaza de los depredadores, la sobreexplotación y la contaminación se pueden combatir con la inversión en técnicas de acuicultura más efectivas y sostenibles.

Por Daniel