En la historia de la banca española, un episodio se destaca como el único intento de una oferta pública de compra (opa) hostil: la embestida del Banco de Bilbao contra Banesto. Si bien las dos entidades no existen en su forma original hoy en día, con el Banco de Bilbao transformándose en BBVA tras su integración con el Banco de Vizcaya y posteriormente Argentaria, y Banesto siendo absorbido por el Santander, este episodio representa un hito importante en la evolución del sector bancario español.
Hasta finales de los años 80, el sector bancario español vivía una existencia tranquila. Sin embargo, en 1987, el presidente del Banco de Bilbao, José Ángel Sánchez Asiaín, un defensor acérrimo de las concentraciones bancarias, sacudió el tablero con una oferta de compra hostil – algo inimaginable hasta ese momento. En ese momento, el Bilbao era el cuarto en el ranking y Banesto, el segundo. Con la reciente integración de España a la entonces Comunidad Europea en 1986, había una necesidad urgente de ganar tamaño para ser competitivos en Europa.
La ofensiva del Banco de Bilbao contó con el respaldo del entonces gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, y del gobierno socialista de Felipe González, con Carlos Solchaga como ministro de Economía. La idea subyacente era mejorar la gestión de Banesto, que se consideraba discutible. La oferta del Banco de Bilbao a los accionistas de Banesto consistía en ofrecer seis acciones nuevas más una antigua del Bilbao por cada diez acciones de Banesto, así como 15.000 pesetas en efectivo (equivalente a 57,33 euros actuales), lo que suponía una prima del 40%. Sin embargo, Banesto, bajo el control de las élites económicas lideradas por Pablo Garnica, se resistió con uñas y dientes.
A finales de noviembre de 1987, José María López de Letona dimitió sorpresivamente como vicepresidente y director general de Banesto, a pocas semanas de asumir la presidencia. Esta salida repentina dejó al banco sin su principal ejecutivo, lo que parecía facilitar la opa. Sin embargo, dos días después, Mario Conde, un abogado del Estado emergente que había comprado un paquete de acciones en el banco dos meses antes, fue nombrado vicepresidente de Banesto. Tras un breve período de negociaciones fallidas, el Banco de Bilbao lanzó su oferta de compra directamente a los accionistas.
El día después de que se lanzara la oferta, Banesto nombró a Conde como presidente con el objetivo de convencer a los accionistas de que no vendieran. Sus esfuerzos tuvieron éxito y, una semana después de lanzar la oferta, el Banco de Bilbao se retiró. Esto marcó el inicio de una era dorada para Mario Conde, que terminó abruptamente con la intervención del banco en diciembre de 1993.
Según las fuentes de BBVA, la operación no solo se encontró con la resistencia de la cúpula de Banesto, sino que la Junta Sindical de la Bolsa de Madrid tuvo un papel decisivo al decidir no admitir la opa. Una razón principal fue la imposibilidad de contratar futuros activos aún inexistentes. Además, la falta de un paquete significativo de acciones de Banesto en manos del Banco de Bilbao también impidió que la operación tuviera éxito.
A pesar del fracaso de su intento con Banesto, Sánchez Asiaín persistió y finalmente logró un pacto amistoso con el Banco de Vizcaya, presidido por otra figura destacada del sector, Pedro de Toledo. Tras 19 días de negociaciones, cerraron un acuerdo de fusión en enero de 1988. Esto dio lugar al BBV que, posteriormente, absorbió el holding Argentaria, que antes de su privatización agrupaba a la banca pública, dando origen al actual BBVA. Este episodio es un recordatorio de la dinámica y evolución constante del sector bancario, y la importancia de la adaptabilidad y la innovación en un entorno empresarial en constante cambio.
