El conflicto del Sáhara Occidental y las reivindicaciones de Marruecos sobre este territorio han entrado en una nueva fase tras el final de la misión de Naciones Unidas destinada a buscar una salida para la antigua colonia española. Estados Unidos y Rusia no lograron pactar la renovación del mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), que expira este sábado 31 de octubre.
Vetos cruzados en el Consejo de Seguridad
Durante una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia vetó la propuesta estadounidense para transformar el mandato de Minurso. Posteriormente, Estados Unidos bloqueó la resolución alternativa rusa, que planteaba renovar durante un año la misión con las mismas características que tenía hasta ahora. Ambos Estados forman parte de los cinco miembros permanentes del organismo con derecho de veto.
La discrepancia se centraba en la propia denominación de la misión. Washington, que considera el Sáhara Occidental parte de la soberanía marroquí, pretendía eliminar la letra R, correspondiente a «referéndum», para cambiar el nombre de Minurso por Minuso. Su texto también señalaba que el plan de Marruecos era el «único marco para negociar una solución aceptable mutuamente».
Con esta iniciativa, Estados Unidos buscaba cerrar definitivamente la posibilidad de un referéndum sobre el futuro del Sáhara Occidental, una aspiración que desde hace décadas parece inalcanzable debido a las diferencias entre las partes sobre quiénes tendrían derecho a participar.
La propuesta estadounidense fue modificada en varias ocasiones. Inicialmente contemplaba suprimir las referencias a la autodeterminación del Sáhara Occidental, aunque ese término se mantuvo en el documento final. También incluía transformar la operación de paz en una misión política desde abril, una previsión que finalmente fue retirada.
El proyecto recibió el respaldo de once de los quince miembros del Consejo de Seguridad, además de tres abstenciones, pero el veto ruso impidió su aprobación. Moscú presentó después una resolución técnica para prolongar durante un año el mandato de Minurso en su formato vigente. Esa propuesta tampoco prosperó: Estados Unidos la vetó y once miembros votaron en contra. Francia justificó, entre otros argumentos, su voto negativo por la «obstrucción» de Rusia.
La posición de Washington
El embajador estadounidense, Mike Waltz, lamentó el bloqueo de Rusia y defendió la retirada de la referencia al referéndum. Según afirmó, la ONU reconoce desde la década de 1990, durante la etapa de Kofi Annan como secretario general, que esa votación no es viable.
«Las autoridades de la ONU han insistido en esta realidad desde hace treinta años y así seguimos en 2026», declaró Waltz. El representante estadounidense sostuvo que la resolución de su país habría supuesto «un paso histórico» para avanzar en un conflicto que, según señaló, lleva congelado medio siglo. «El pueblo del Sahara Occidental merece algo mejor que la prórroga de algo que no puede funcionar. Tenemos que intentar algo diferente», añadió.
Marruecos interpreta el desenlace como un avance
El rey Mohamed VI afirmó este sábado que la falta de renovación de Minurso supone «un avance importante y un paso significativo hacia la resolución definitiva del problema del Sáhara». En un comunicado, el gabinete del monarca señaló que la misión había servido durante mucho tiempo como instrumento para internacionalizar la disputa regional relacionada con la que Marruecos considera la legítima recuperación de sus provincias saharianas.
Además, anunció que el proceso político de la ONU, que atribuye a la dilación de otras partes y a su empeño en mantener el estancamiento y el statu quo, queda suspendido.
La relación estratégica entre Marruecos y Estados Unidos
La expiración de Minurso abre un periodo de incertidumbre en el Sáhara Occidental, aunque apunta a una nueva victoria para las aspiraciones de Marruecos, que considera el territorio una parte irrenunciable de su soberanía. En este proceso, Estados Unidos ha desempeñado un papel central, respaldado por la relación estratégica que Rabat ha tejido con Washington, en contraste con la evolución de sus vínculos con España y el Gobierno de Pedro Sánchez.
Este acercamiento se inició en 2020, cuando Donald Trump logró que Marruecos participara en los Acuerdos de Abraham, destinados a normalizar las relaciones entre Israel y países árabes y musulmanes. El acuerdo se produjo en la recta final del primer mandato de Trump y fue uno de sus principales logros en política exterior, con media docena de países incorporados al proceso, posteriormente frenado durante su regreso a la Casa Blanca por la guerra de Irán.
La compensación para Marruecos se hizo visible de inmediato: Estados Unidos adoptó la posición de Rabat sobre el Sáhara Occidental y reconoció el territorio como soberanía marroquí.
De forma progresiva, aliados de Estados Unidos se sumaron a esta orientación, incluida España, pese a la posición tradicional del PSOE y de otros partidos de izquierda integrados en la coalición de Gobierno de Sánchez. Estas formaciones defendían el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui mediante un referéndum y condenaban la «ocupación» marroquí de una parte importante del Sáhara Occidental.
Hace un año, la comunidad internacional avanzó en la dirección defendida por Marruecos con la aprobación en el Consejo de Seguridad de una resolución favorable a la propuesta marroquí de autonomía.
Desmantelamiento de la misión
Salvo que se produzcan negociaciones diplomáticas de última hora, el bloqueo de ambas resoluciones obligará a desmantelar Minurso. Estados Unidos, que supervisa la misión, aseguró que colaborará para que el proceso se desarrolle de forma «ordenada y estable» y que continuará trabajando con las partes para encontrar una vía hacia una paz duradera.

