Bredá: un dedo que apunta a un mapa – Una reflexión contemporánea sobre la guerra desde la pluma de Calderón de la Barca
Este jueves y viernes a las siete de la tarde, el Museo del Prado acogerá la representación teatral ‘Bredá: un dedo que apunta a un mapa‘. Esta obra explora una pregunta provocadora: ¿Qué pensaba Calderón de la Barca sobre la guerra? Con el apoyo de la Fundación Carlos de Amberes, el Instituto de Teatro de la Universidad Complutense de Madrid y el programa ‘El Salón de Reinos a escena’, el público podrá sumergirse en una relectura contemporánea de ‘El sitio de Bredá’, de Calderón de la Barca.
Un espejo de la historia
La dirección escénica y la versión del texto original están a cargo de José María Esbec. Esta obra contemporánea sirve como un espejo que refleja ‘El sitio de Bredá’, una obra de Calderón de la Barca ambientada en el asedio de Bredá en 1625, en medio de las Guerras europeas de los Treinta Años y la Guerra de los Ochenta Años en Flandes. Además de los fragmentos del texto original de Calderón, la obra incluye pasajes de creación propia surgidos durante el proceso de trabajo.
En palabras de Esbec, la obra se desarrolla en dos líneas dramáticas principales: una centrada en el personaje de Spínola, el verdadero héroe de la contienda bélica, y otra en Flora, la voz más humana -y femenina- que Calderón proyecta en su obra. Ambos personajes fundamentan sus acciones en la toma de decisiones, con la tragedia sobrevolando como estrellas convertidas en arcabuces hasta que se revela el ‘fatum’, o destino inexorable.
La obra invita a reflexionar sobre la naturaleza de la conquista y la relación entre el poder y el pueblo. ¿Qué se conquista realmente cuando se conquista? ¿Dignidad? ¿Cuerpos? ¿Tierra? ¿Y qué papel juega el estado en todo esto? ¿Cómo se gestiona la toma de decisiones? ¿Es la paz simplemente la ausencia de guerra? Estas y otras preguntas sin respuesta forman el núcleo de la propuesta de Esbec.
Un escenario que evoca preguntas
La puesta en escena para ‘Bredá: un dedo que apunta a un mapa’ se orienta hacia la plasticidad y una narrativa visual cercana a la instalación. Esbec describe el diseño del escenario como si estuviera en el estudio de un arquitecto o de un pintor. La dramaturgia se desarrolla en dos planos yuxtapuestos: la trama calderoniana y una dramaturgia contemporánea que funciona como retrato especular.
El espacio escénico, despejado y diáfano, está orientado a las convenciones, al juego y al valor polisémico de la escenografía. Se busca unir estas dos tramas separadas por el arco secular. Los elementos de metal y cristal tienen presencia en la puesta en escena, ya que su narrativa conduce a los temas centrales de la obra. El espacio luminoso resalta la distinción de los dos mundos expresados en la obra, así como la sintomatología bélica que se desprende de los estados en pugna.
Al final de ‘El sitio de Bredá’, Calderón escribe: «Y con esto se da fin/ al Sitio, donde no puede/ mostrarse más quien ha escrito/ obligado a tantas leyes». Quizá Calderón quiso insinuar con estas palabras que no pudo expresarse como hubiera querido, especialmente en lo que respecta a la guerra.
Con ‘Bredá: un dedo que apunta a un mapa’, Esbec y su equipo nos invitan a reflexionar sobre estas y otras cuestiones, demostrando que el teatro es un espacio para las preguntas, no para las certezas.
