Una noche especial en el estadio perico
Desde primera hora de la mañana, tuve la sensación de que iba a ser una noche especial. No tan especial como la que Sergi Mas le pedía a su amado RCDEspanyol, pero sí intuía que podía ser una noche a tener en cuenta. Esta sensación se confirmó cuando mi amigo del alma Ricardo Rosety, de la tribu de periodistas radiofónicos del Sporting de Gijón, me invitó a acompañarle al estadio perico, el Stage Front Stadium, para presenciar un posible golpe de su equipo al Espanyol.
Llegar al estadio: una odisea
Lo primero que he de decir es que hay que ser muy, muy, futbolero para acudir a un estadio al que es dificilísimo acceder y, ya ni les cuento, aparcar. El estadio perico estaba lleno, con una asistencia de más de 30.605 espectadores, muchos de los cuales compartían historias similares de lucha contra el tráfico y la falta de estacionamiento.
El estadio blanquiazul: un ambiente estremecedor
El ambiente en el estadio blanquiazul fue estremecedor. La sonoridad de ese recinto es prodigiosa. El partido fue considerado de “alto riesgo” y, aunque hubo algunas excepciones, la mayoría de los hinchas mostraron una concordia exquisita. Los más de 2.000 asturianos, o seguidores del Sporting, pudieron en muchos momentos del partido con los 28.000 restantes pericos.
En este ambiente de rivalidad y camaradería, tuve la oportunidad de conocer a los gemelos Francesco y Leonardo D’Alessio, dos jóvenes futbolistas de la Roma y del Milan, respectivamente, que se habían desplazado hasta Barcelona para apoyar al Sporting. Los D’Alessio, envueltos en una bufanda del Sporting, son un ejemplo perfecto de la pasión que el fútbol puede suscitar en los corazones de los jóvenes de todo el mundo.
De empate en empate
El partido fue una lucha intensa, más parecida a una pelea por no descender que a una lucha por ascender. El Sporting, hizo lo que pudo y más. Tuvo contra las cuerdas, al menos cerquita de la prórroga, al Espanyol, que juega a ratos, a golpes y que entró en la final con su 11º empate en 18 partidos dirigidos por Manolo González, que aún no ha perdido desde que es el ‘mister’ blanquiazul.
El Sporting: una pasión compartida
La noche fue un lujo, de verdad. Pude acompañar a Ricardo a su casa, no sin antes dar dos vueltas al estadio perico para ver si veíamos el autobús del Sporting. Emocionados todos, sí. Emocionante escena, también.
Todo eso ocurría mientras seguidores blanquiazules le juraban a sus nuevos amigos del Sporting que eliminarían al Oviedo y mientras, allá a lo lejos, se oía a 20 fans asturianos, cantar, a grito pelado, “¡puta Oviedo! ¡puta capital!». No sabemos, ni intuís, ni sospecháis, ni os podéis imaginar lo que hubiese sido una final, por el ascenso, Sporting-Oviedo. Déjalo, déjalo, mejor así.
