Las protestas por el coste de la vida sacuden Francia con disturbios y más de un millar de detenidos

Una movilización masiva contra la carestía y el precio del combustible

La convocatoria para protestar contra la subida del precio del combustible, el alto coste de la vida y el deterioro de los servicios públicos en Francia, surgida inicialmente en las redes sociales, derivó en una jornada de movilizaciones multitudinarias atravesada por graves episodios de violencia urbana.

Los sindicatos cifraron la participación en 800.000 personas, mientras que el Ministerio del Interior la situó en 550.000 en París y otras ciudades francesas. La asistencia rebasó ampliamente los cálculos del Gobierno de Sébastien Lecornu, que esperaba como máximo 150.000 participantes y respondió asegurando que no se dejaría intimidar.

No se registraba una movilización de esta dimensión en Francia desde septiembre del año anterior. La protesta reflejó también el descontento expresado por el movimiento estudiantil durante las últimas semanas. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, comunicó que hubo 1.200 detenidos y 150 policías y gendarmes heridos.

Marchas pacíficas y actos de violencia

La jornada mostró dos caras diferenciadas en París y en el resto del país. Por una parte, hubo manifestaciones festivas, pacíficas y muy numerosas, especialmente en la capital, donde las autoridades contabilizaron más de 110.000 personas en las calles. Por otra, grupos de jóvenes encapuchados atacaron mobiliario urbano, incendiaron vehículos, rompieron escaparates, saquearon comercios y ocasionaron daños en edificios institucionales.

Daños en Limoges y otras ciudades

Los incendios provocados por los agitadores afectaron a bares, comercios y al Ayuntamiento de Limoges, en el centro de Francia. El fuego destruyó por completo la monumental sede consistorial. Los llamados ‘black blocs’, grupos encapuchados a menudo vinculados a ideas de izquierda radical, volvieron a tener un importante impacto sobre el orden público.

Laurent Nuñez lamentó que algunos delincuentes oportunistas hubieran saqueado tiendas en varias localidades. El presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó en la red social X que quienes atacaron prefecturas y comercios, causaron destrozos y saquearon ayuntamientos serían perseguidos y castigados. Por su parte, el ministro de Justicia, Gérald Darmanin, reclamó prisión preventiva para los responsables de unas violencias urbanas que calificó de gravedad inaudita.

Las movilizaciones recordaron a la revuelta de los ‘chalecos amarillos’ de finales de 2018, por las ocupaciones de rotondas y algunos cortes de carretera registrados durante la mañana, así como por los disturbios. Sin embargo, a diferencia de aquel movimiento, la mayoría de quienes se manifestaron eran jóvenes y no residentes de pequeñas y medianas localidades.

Las marchas prolongaron los piquetes y huelgas estudiantiles de las últimas semanas, que ya habían dejado numerosos incidentes. Los manifestantes recibieron el respaldo de algunos de los principales sindicatos y de gran parte de los partidos de izquierda, desde el Partido Socialista hasta La Francia Insumisa, formación afín a Sumar o Podemos.

Choques en París y ataques en varias capitales

Macron condenó la violencia y sostuvo que no tiene cabida en la República. Lecornu insistió en X en que nadie impondrá su agenda política mediante actos violentos, en medio de un intercambio de reproches con Jean-Luc Mélenchon. El candidato de los insumisos a las presidenciales de 2027 defendió que su combate no tiene relación con los saqueos y acusó a las fuerzas de seguridad parisinas de haber abierto las puertas al caos. La dirigente ultraderechista Marine Le Pen denunció, a su vez, que la extrema izquierda había vuelto a tomar como rehén reivindicaciones sociales legítimas.

En París, la mañana estuvo marcada por la tensión en la Plaza de la República, donde ardieron coches, contenedores y mobiliario urbano. Los antidisturbios respondieron con gases lacrimógenos y trataron de impedir la concentración de personas. Las autoridades cerraron 25 estaciones de metro y prohibieron que la marcha avanzara hacia la Plaza de la Concordia, situada cerca del Palacio del Elíseo y de la Asamblea Nacional. Aun así, al final de la tarde se produjeron enfrentamientos entre decenas de manifestantes y agentes en esa zona céntrica.

También hubo incidentes de igual o mayor gravedad en otras grandes ciudades. En Lyon, un grupo de encapuchados prendió fuego a un local de la Oficina de Turismo. En Marsella, jóvenes vestidos de negro atacaron la entrada de una comisaría y causaron desperfectos dentro del Ayuntamiento. Se registraron hechos similares en la Alcaldía de Lille y en la residencia del equivalente al delegado del Gobierno en Burdeos.

Predominio juvenil en las calles de la capital

Los jóvenes fueron mayoría en los bulevares de París, donde se escucharon consignas como «¡Macron, dimisión!», «¡Tomemos la Bastilla!» y «¡Seamos todos antifascistas!». El ambiente se asemejó al de las recientes protestas estudiantiles, aunque en esta ocasión hubo una mayor presencia de adultos. Algunos asistentes lucieron el chaleco amarillo, emblema de la movilización de 2018.

Jeremy Boucher, un vecino de París de 27 años, resumió el malestar al afirmar que existe un hartazgo general por el abandono de los servicios públicos y por unas políticas económicas que, según dijo, solo benefician a los ricos y dejan de lado a la gente modesta.

La convocatoria se impulsó en septiembre a través de TikTok como respuesta a la inflación, al encarecimiento de la gasolina y a las políticas económicas del Ejecutivo. El Gobierno prepara recortes por 43.000 millones de euros para reducir el elevado déficit público. La jornada y su deriva hacia escenas de revuelta urbana evidenciaron un descontento más amplio contra Lecornu y Macron, en un contexto complejo para el macronismo cuando faltan seis meses para las próximas elecciones presidenciales.

Dos jóvenes pierden una mano por granadas policiales

Un manifestante de 17 años perdió una mano el sábado durante las protestas en Saint-Étienne. Según la información disponible, recogió una granada aturdidora lanzada por la Policía para apartarla y el artefacto explotó mientras lo sostenía.

Se trata del segundo caso: el pasado 5 de octubre, un adolescente sufrió la amputación de una mano por otra granada de las fuerzas de seguridad durante las movilizaciones estudiantiles de Lens. Tras aquel suceso, el Gobierno de Sébastien Lecornu prohibió el uso de este tipo de armas, aunque posteriormente anuló esa orden para las manifestaciones de esta jornada.