El ex alto cargo denuncia un clima de autocensura en Naciones Unidas
Tras 26 años de trabajo en la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Benjamin Davis ha perdido su empleo. El economista hispano-estadounidense, de 62 años, sostiene que su salida está vinculada a sus intentos de abordar la crisis de hambre en Gaza.
«Me han echado por querer hablar de lo que está pasando en Palestina y en Gaza en particular», afirma Davis. El ex alto responsable de la agencia de la ONU dedicada a combatir el hambre denuncia que los intereses políticos de los países con mayor poder condicionan el funcionamiento de los organismos internacionales y propician la autocensura entre los empleados.
Las iniciativas sobre la crisis alimentaria en la Franja
Según explica, las dificultades comenzaron después del 7 de octubre de 2023. Junto a otros compañeros, defendió que la FAO debía pronunciarse sobre la crisis alimentaria causada por el bloqueo israelí en Gaza, además de estudiar sus consecuencias humanitarias y jurídicas.
Davis asegura que sus superiores nunca emitieron una orden explícita que impidiera tratar ese asunto. Sin embargo, señala que cada propuesta requería negociaciones prolongadas con la dirección.
Un informe retirado de la web
Uno de los principales desacuerdos se produjo en mayo de 2025, cuando el equipo de Davis preparó un análisis cuantitativo sobre la disponibilidad de alimentos en la Franja. El documento evaluaba los efectos del bloqueo y la situación de la población palestina en un contexto de especial alarma por el hambre.
El estudio incorporaba asimismo una valoración basada en el derecho internacional humanitario y el derecho a la alimentación. Esta parte suscitó objeciones del departamento jurídico de la FAO, que entendió que la organización no tenía mandato para establecer posibles infracciones legales. «Nos hicieron bajar de la web el informe que habíamos hecho», recuerda.
Davis relaciona esa actuación con la posición del director general de la FAO, Qu Dongyu, quien en una conferencia cuestionó que el organismo abordara asuntos vinculados a los derechos humanos y presentó Gaza como una cuestión política. Para el exfuncionario, esa postura entra en contradicción con los principios fundacionales de Naciones Unidas: «Una perspectiva de derechos humanos tiene que estar dentro de todo lo que hacemos. Si no, no tiene sentido estar en la ONU».
La presión política y el temor a represalias
Un mecanismo de autocontrol interno
El antiguo responsable de la FAO reconoce que no puede probar que Israel solicitara de forma directa su destitución. No obstante, describe un funcionamiento interno en el que la institución evita asuntos que puedan originar tensiones diplomáticas. «Es un proceso casi de autocensura y de autocontrol», afirma.
De acuerdo con su experiencia, la dirección de la FAO trata de evitar conflictos con Israel y, sobre todo, con Estados Unidos. A su juicio, los dirigentes actúan considerando sus relaciones con los países que tienen mayor peso político y financiero, incluso sin recibir peticiones expresas.
Las autoridades israelíes han criticado duramente a distintos organismos de Naciones Unidas. El ministro de Exteriores, Gideon Saar, llegó a describir la ONU como un «organismo podrido, antiisraelí y antisemita». En agosto de 2025, el general Ghassan Alian acusó al sistema internacional que declaró la hambruna en Gaza de emplear fuentes vinculadas a Hamás y de elaborar conclusiones sesgadas.
Recurso contra la decisión de la FAO
Davis señala que su salida se produjo sin una investigación disciplinaria previa. Recibió una comunicación oficial en la que se le reprochaba incumplir las normas de conducta exigidas a los funcionarios internacionales.
«Es una acusación bastante seria, pero no hubo una investigación, no hubo ningún proceso disciplinario, no hubo nada de nada», denuncia. El ex alto cargo ha recurrido la decisión y advierte de que dentro de la FAO existe miedo a pronunciarse por posibles represalias.
Pese a haber dedicado más de un cuarto de siglo a la organización, Davis asegura que no se arrepiente de haber promovido el debate sobre Gaza. Ante la pregunta de si volvería a hacerlo, su respuesta es tajante: «Sí, sí y sí».

