Repsol, una de las principales compañías petroleras del mundo, enfrenta críticas de organizaciones ecologistas como Greenpeace por su contribución al cambio climático. En una reciente junta de accionistas, el CEO de Repsol, Josu Jon Imaz, defendió las operaciones de la empresa, argumentando que la necesidad mundial de petróleo y gas hace que la producción continua de estos combustibles fósiles sea esencial.

Las críticas de Greenpeace fueron presentadas por su representante, Celia Ruiz, quien acusó a Repsol de enriquecerse a costa de actividades que generan pobreza energética y desastres naturales. Durante el turno de preguntas, Ruiz planteó una cuestión contundente: «¿Cuándo van a dejar de sacar y vender petróleo y gas?«. Afirmó que es hora de que las petroleras asuman la responsabilidad por los miles de millones invertidos en destruir el planeta.

En su respuesta, Imaz acusó a Greenpeace y otras organizaciones similares de ser los principales responsables del actual aumento en las emisiones de CO2. Según él, estas organizaciones están impulsadas por dogmas y, a menudo, protegen intereses de lobbies como el eléctrico. Aseveró que sus demandas para que Repsol deje de producir petróleo y gas son insostenibles y no éticas.

Imaz argumentó que el petróleo y el gas son necesarios para garantizar la seguridad del suministro energético, mantener el precio de la energía asequible para las familias y las empresas, y asegurar una sociedad en la que las personas puedan percibir buenos salarios. Además, advirtió que si Europa deja de producir petróleo y gas, aumentará su dependencia de regímenes como el de Putin y otros países con fuentes de energía no renovable.

El CEO de Repsol también señaló que la demanda de petróleo y gas seguirá creciendo, como mínimo, hasta 2030. Según él, si se detiene la producción, los precios subirán, impactando negativamente a las familias europeas, las industrias y el empleo.

Imaz atribuyó el incremento de las emisiones de CO2 entre 2022 y 2023 al aumento de los precios del gas, provocado, según él, por las presiones de las organizaciones ecologistas a instituciones financieras e inversores para que dejen de invertir en petróleo y gas. Esta presión, argumentó, ha llevado a muchos países emergentes a recurrir al carbón para satisfacer sus necesidades energéticas, lo que ha aumentado las emisiones globales de CO2.

En cuanto a la generación de electricidad, Imaz insistió en que el mayor emisor de CO2 es la generación de electricidad con calor. Además, destacó que muchos de los componentes de las tecnologías renovables, como las palas de los aerogeneradores y las placas fotovoltaicas, se derivan del petróleo.

Finalmente, Imaz afirmó que Repsol continuará produciendo petróleo y gas porque «el mundo los necesita». La empresa también sigue apostando por los combustibles sintéticos (netos en CO2) y las energías renovables. Aseguró que la carrocería de los coches eléctricos cada vez contendrá más petróleo con el objetivo de reducir su peso y hacerlos más eficientes.