La llegada de la primavera trae consigo la alegría de los campos llenos de mariposas. Estos coloridos insectos no sólo embellecen nuestros entornos, sino que también desempeñan funciones ecológicas vitales en un mundo que observa con preocupación el declive global de los insectos. La buena noticia es que la preservación de las poblaciones de mariposas está al alcance de todos nosotros. Sólo se requiere un gesto tan sencillo como permitir que las malas hierbas crezcan en nuestros jardines, patios y terrenos.
El término malas hierbas en sí mismo es un concepto erróneo. A pesar de la mala reputación que estos vegetales tienen, son en realidad el hogar de numerosas especies de insectos cuya existencia es indispensable para procesos ecológicos como la polinización. Sin estos insectos, el ciclo ecológico en general se derrumbaría.
Un estudio reciente llevado a cabo por la entidad ‘Butterfly Conservation’ en el Reino Unido ha demostrado que las poblaciones de mariposas pueden incrementarse hasta en un 93% al permitir que las hierbas crezcan de manera salvaje, sin ser cortadas ni rociadas con herbicidas.
Los científicos que participaron en la investigación analizaron la presencia de mariposas en más de 600 jardines en todo el Reino Unido. Los datos fueron recopilados durante seis años por un gran número de ciudadanos.
Los resultados obtenidos son reveladores. Los jardines y patios donde se dejó crecer la hierba salvaje registraron un número de mariposas significativamente mayor, así como un notable aumento en el número de especies. En áreas rurales donde no se cortó la hierba, hubo hasta un 93% más de estos insectos, mientras que en las zonas urbanas, el aumento fue del 18%.
La destrucción de sus hábitats es una de las principales razones de la desaparición de las mariposas y otros insectos. Al eliminar las hierbas silvestres, reducimos los lugares donde estos animales pueden criar y alimentarse. En cambio, si mantenemos este tipo de vegetación en su estado natural, los insectos encuentran un refugio donde desarrollar su ciclo vital.
Además de analizar las consecuencias de mantener en estado salvaje las hierbas silvestres, los científicos también estudiaron algunas especies en particular. La hiedra, por ejemplo, puede aumentar el número de especies de mariposas, como la azul de acebo, la almirante roja y la coma. Esta planta proporciona un excelente hábitat para la cría y una fuente de néctar.
La conservación de las llamadas ‘malas hierbas’ es de vital importancia. Incluso si se han cortado, los insectos regresan una vez que éstas vuelven a crecer. Los investigadores también animan a los propietarios de parcelas o terrenos a plantar hierbas silvestres para fomentar la llegada de insectos. Incluso en la ciudad, unas simples macetas con plantas pueden ayudar a regenerar este amenazado grupo de la fauna.
La naturaleza está en crisis. El 80% de las mariposas ha disminuido desde los años 70, por lo que tenemos que tomar medidas ahora para protegerlas. Este estudio demuestra, por primera vez, que dejar que la hierba de una parcela crezca mucho atraerá más mariposas a su jardín.
Enlace al estudio de referencia: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0048969724016449?via%3Dihub
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