Antonio Valín: El nuevo obispo de Tui-Vigo y su conexión con la historia eclesiástica de Galicia

La historia de la iglesia católica en Galicia es rica y fascinante, habiéndose forjado a lo largo de siglos de devoción y servicio. Entre los personajes más destacados de esta historia, encontramos a dos obispos que comparten la misma procedencia: la nación ribadense. El primer obispo fue Laureano Veres Acevedo, un jesuita que sirvió en América y tiene una calle en su honor en su pueblo natal. Sin embargo, hace unas semanas, Galicia ha visto surgir a un nuevo obispo ribadense, Antonio Valín, quien ha sido nombrado para la diócesis de Tui-Vigo.

Valín es el sucesor de San Epitacio, uno de los varios discípulos de Santiago Apóstol que, según las leyendas, sufrió martirio. Pese a que las pruebas de la existencia real de San Epitacio son escasas, su legado perdura en la tradición católica gallega, al igual que la de San Capitón, considerado el primer obispo de la diócesis lucense.

Los predecesores de Valín en la diócesis de Tui-Vigo

Los obispos de Tui-Vigo que han dejado huella en la historia de la iglesia gallega incluyen a Leopoldo Eijo Garay y Manuel Lago González. Este último, sucesor de Eijo Garay en la diócesis, fue magistral en Lugo, miembro de la Real Academia Gallega y autor de versos en gallego, entre ellos los del popular villancico ‘Nenos de cabelos de ouro’. Lago González fue además, el primer arzobispo gallego del siglo XX, lo que generó cierto malestar en algunos círculos debido a su fama de conservador.

El predecesor de Lago González, Leopoldo Eijo Garay, es una figura aún controvertida hoy en día. Hijo único de una familia muy humilde, Eijo Garay fue párroco en Sevilla y canónigo en Jaén y Compostela. Antes de cumplir cuarenta años, asumió la responsabilidad de dirigir la diócesis de Tui, aunque su estancia fue breve, ya que pronto fue trasladado a la diócesis de Vitoria y, posteriormente, a la de Madrid-Alcalá.

Tras la guerra civil, el Papa Pío XII le otorgó el título honorífico de Patriarca de las Indias Occidentales, una distinción que hasta entonces estaba reservada al vicario general castrense. Durante estos años, Eijo Garay fue apodado «el obispo azul», un apodo cuyo origen está relacionado con su apoyo al bando nacional durante la guerra civil española.

Eijo Garay también fue uno de los tres redactores de la famosa carta colectiva de los obispos españoles en apoyo de «la Cruzada» en 1937. Tras la guerra, fue nombrado consejero nacional del Movimiento, un cargo que algunos perciben como una recompensa por su propuesta de que Franco acudiera a las solemnidades religiosas bajo palio.

A pesar de las controversias, la carrera eclesiástica de Eijo Garay fue indiscutiblemente brillante. Sin embargo, su camino no estuvo exento de obstáculos, entre ellos, una disputa con el nuncio Tedeschini, que provocó ciertas tensiones en la iglesia. Durante su tiempo como obispo, Eijo Garay visitaba con frecuencia Vigo, donde acogió a Don Manuel García Morente, un catedrático de ética convertido al catolicismo.

Los primeros años de Eijo Garay como arzobispo estuvieron marcados por la presencia de otro gallego, Benjamín de Arriba y Castro, quien actuó como provisor y teniente vicario general antes de ser nombrado obispo de Mondoñedo poco antes del estallido de la guerra civil. A pesar de sus esfuerzos por implementar reformas en la diócesis, su labor tuvo un éxito limitado. Sin embargo, logró convocar una asamblea sacerdotal para corregir ciertos hábitos poco ejemplares del clero. Finalmente, Arriba y Castro fue nombrado cardenal de Tarragona.

Con tales figuras en la historia de la diócesis de Tui-Vigo, el nuevo obispo Antonio Valín tiene grandes zapatos que llenar. Le deseamos mucha suerte, serenidad y diplomacia en su nuevo cargo.