El sector de la hostelería es conocido por ser uno de los más rigurosos y exigentes. Largas jornadas de trabajo, trabajar durante los días festivos y dificultades para conciliar la vida familiar hacen de esta industria una de las más desafiantes. Además, la industria enfrenta el desafío de atraer a las nuevas generaciones a estos roles laborales y encontrar perfiles con una formación adecuada. El reciente anuncio de la ministra Yolanda Díaz de un recorte horario ha reavivado el debate sobre los efectos que tendría en una ciudad como Barcelona si se adelanta la hora de cierre de los restaurantes y bares, que actualmente está permitida hasta las 2.30 o 3.00 horas bajo la normativa catalana.
Los empresarios consultados coinciden en que los hábitos han cambiado en la era pospandémica, con más personas que cenan antes. Sin embargo, también advierten sobre los riesgos económicos que conlleva la imposición de un recorte horario. Barcelona, con su tradición mediterránea de cenas tardías, ha logrado equilibrar bien los horarios de los turistas, que suelen cenar temprano, con su propia cultura culinaria.
El recorte horario propuesto por la ministra de Trabajo y Economía Social de una hora ha planteado desafíos para los bares y restaurantes de Barcelona. Aunque muchos restaurantes cierran su cocina a las 23.00 horas, los más turísticos suelen mantenerla abierta hasta la 1.00h. La propuesta también afectaría a los restaurantes que ofrecen una carta de cócteles o bebidas para que los clientes puedan prolongar la velada.
Javier de las Muelas, un empresario conocido en el sector de la hostelería en Barcelona, ha criticado duramente la propuesta de la ministra Díaz. Según él, el recorte horario es una intromisión en el «estilo de vida» de la ‘marca España’, que incluye bares, restaurantes y terrazas de calidad en Barcelona. Defiende la «libertad de mercado» y sostiene que si los clientes cenan antes, los empresarios se organizarán para no mantener abierto el local hasta horas tardías.
En contraste, Carlota Claver, una de las chefs más admiradas de Barcelona, ha demostrado que es posible ajustar los horarios para equilibrar la vida profesional y personal mientras se mantiene la rentabilidad del negocio. Claver ha aprovechado el ajuste de hábitos de los clientes en la era poscovid para mejorar su horario, cerrando la cocina a las 22.30 horas y cerrando su restaurante, La Gormanda, los fines de semana. Este cambio también ha ayudado a retener a su personal, que agradece tener los fines de semana libres y trabajar en un solo equipo en una jornada partida.
Joan Junyent, director de Windsor, un restaurante referente de la cocina catalana de calidad, también opina que la demanda ya ha modulado los horarios en los últimos tres años. Sin embargo, advierte que imponer recortes horarios generará conflictos. Según él, si se implementa un ajuste de la jornada laboral sin reducción de salarios, los trabajadores tendrán más tiempo libre pero se enfrentarán a precios más altos, ya que las empresas tendrán que repercutir el sobrecoste de personal en sus productos.
En resumen, el debate sobre los horarios de la industria de la hostelería en Barcelona sigue siendo un tema controvertido. Si bien algunos en el sector han podido adaptarse a los cambios y utilizan estos nuevos horarios para mejorar la conciliación laboral y familiar, otros advierten sobre las posibles repercusiones económicas de un recorte horario impuesto. A medida que la industria se adapta a la nueva normalidad pospandémica, es probable que este debate continúe.
