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La energía eólica vuelve a ser la gran reina del sector eléctrico en España. Los parques de aerogeneradores han sido en 2024 de nuevo la mayor fuente de generación de electricidad en el país en un año récord para las renovables, en el que también las plantas fotovoltaicas entraron en el podio del ránking de producción, según los registros de Red Eléctrica de España (REE), el gestor del sistema eléctrico nacional. Los molinos refuerzan su liderazgo y abren brecha con las centrales nucleares (tradicionales líderes en generación) y con las centrales de gas (que lo fueron durante la crisis energética).

El contexto del auge eólico

El crecimiento de la energía eólica en España no es un fenómeno aislado. Este auge se enmarca en un contexto de transición energética global, donde las fuentes renovables juegan un papel crucial. Según los datos de REE, en 2024, el porcentaje de electricidad generado por el viento alcanzó un nuevo récord, superando el 30% del total nacional. Este incremento ha sido facilitado por las políticas de fomento de energías limpias y el avance tecnológico en la eficiencia de los aerogeneradores.

El impacto de la energía eólica se extiende más allá de la generación eléctrica. Ha contribuido a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, ayudando a España a cumplir con sus compromisos internacionales en materia de cambio climático. Además, ha impulsado la economía local, creando empleos en áreas rurales y fomentando el desarrollo de la industria renovable nacional.

La energía fotovoltaica también ha tenido un papel destacado este año, ascendiendo al tercer lugar en el ránking de producción. Este avance se debe, en parte, a la disminución de costes de instalación y a una mayor conciencia ambiental entre los consumidores. La combinación de eólica y fotovoltaica ha permitido que España logre un mix energético más diversificado y sostenible.

Las centrales nucleares, que durante años lideraron la generación eléctrica, han visto cómo su participación disminuye en el mix energético. Esto se debe a una serie de factores, incluyendo el envejecimiento de las instalaciones y el creciente enfoque en energías renovables. No obstante, siguen siendo un componente esencial en la estabilidad del sistema eléctrico, proporcionando una base de carga constante.

Por otro lado, las centrales de gas, que fueron decisivas durante la crisis energética reciente, también han perdido protagonismo. Aunque siguen siendo importantes para cubrir las puntas de demanda y garantizar el suministro, su rol ha disminuido gracias al auge de las renovables y al incremento en la capacidad de almacenamiento energético.

La infraestructura eléctrica en España también ha tenido que adaptarse a estos cambios. La integración de una cantidad significativa de energía eólica y solar ha requerido inversiones en redes inteligentes y tecnologías de almacenamiento, como baterías y bombeo hidráulico. Estas mejoras son cruciales para gestionar la intermitencia de las renovables y garantizar un suministro estable y confiable.

El futuro del sector eléctrico en España parece prometedor, con un enfoque claro en la descarbonización y la sostenibilidad. La innovación tecnológica y las políticas de apoyo seguirán siendo fundamentales para mantener y ampliar el liderazgo de las renovables en el mix energético nacional.

Fuente de la información: ElPeriódico