Joseph H. H. Weiler: El Templo del Saber

La Universidades: Templos del Saber y del Respeto

Las universidades, sean de Estados Unidos, Europa o cualquier otro lugar del mundo, han sido tradicionalmente consideradas como templos del saber. No obstante, no sólo de conocimiento se nutren estos espacios, sino también de respeto y decoro. Este es un hecho que parece estar siendo olvidado en los recientes eventos que se están sucediendo en estos centros de estudio.

Desde la guerra de Vietnam y el Mayo del 68, no habíamos sido testigos de sucesos similares en nuestros centros académicos. Eventos que, más allá de sus implicaciones políticas o sociales, han venido a poner de manifiesto la importancia de preservar ciertos valores y normas de convivencia en estos espacios.

Las universidades son lugares públicos, y como tal, deberían estar sujetas a ciertas normas de respeto y decoro. Sin embargo, parece que esta concepción se está perdiendo. A modo de ejemplo, podríamos considerar el comportamiento que se espera en otros espacios públicos: no pasaríamos por delante de un cementerio y nos pondríamos a orinar, independientemente de cuán a reventar estuviera nuestra vejiga. De igual manera, tanto si somos religiosos como si somos ateos, al entrar en una iglesia nos quitaríamos el sombrero y bajaríamos la voz. Si accediéramos a una sinagoga, nos cubriríamos la cabeza, o nos quitaríamos los zapatos al adentrarnos en una mezquita. ¿Por qué entonces no se espera el mismo respeto en nuestras instituciones de enseñanza superior?

No todos los lugares públicos son similares. Algunos, como la universidad, imponen por su propia naturaleza un cierto decoro. No se trata sólo de una cuestión de respeto hacia los demás, sino también hacia nosotros mismos y hacia el conocimiento que se imparte en estos lugares. Las universidades son, en esencia, templos del saber. Y como tal, merecen ser tratadas con el debido respeto.

Este respeto no debería limitarse a los espacios físicos. También debería extenderse a las personas que forman parte de la comunidad universitaria: profesores, estudiantes, personal administrativo y de servicios. Todos ellos contribuyen a la riqueza y diversidad de la universidad y merecen ser tratados con dignidad y respeto.

Los recientes sucesos que están teniendo lugar en nuestras universidades son una llamada de atención. Nos recuerdan la importancia de mantener el respeto y el decoro en estos espacios. No podemos permitir que se conviertan en escenarios de violencia o intolerancia. La universidad debe seguir siendo un espacio de debate y reflexión, donde se fomente el respeto mutuo y la convivencia pacífica.

Es importante recordar que la universidad no es sólo un espacio de formación académica, sino también de formación personal y moral. Aquí es donde muchos jóvenes aprenden a relacionarse con los demás, a respetar las diferencias y a trabajar en equipo. Por ello, es crucial que se mantenga un ambiente de respeto y decoro en nuestras universidades.

En última instancia, la universidad es un reflejo de la sociedad. Si queremos una sociedad respetuosa y tolerante, debemos empezar por nuestras universidades. Mantengamos el respeto y el decoro en estos templos del saber. Recordemos que, al fin y al cabo, son el futuro de nuestra sociedad.