Una juguetería, en Pekín.

La globalización está impulsando la economía china frente al resto del mundo, un fenómeno previsible desde hace varios años. Sin embargo, es en la actualidad cuando se observa un aumento en las barreras tecnológicas que podrían crear divisiones inesperadas. Durante una reunión en Esade esta semana, expertos en geopolítica advirtieron sobre los riesgos que supone el «desacoplamiento tecnológico» entre China y Occidente para las empresas.

La disminución de la capacidad tecnológica de Europa, especialmente en el campo de los microchips y también en productos de consumo masivo, se ha asociado con el crecimiento del llamado nacionalismo tecnológico. Este fenómeno podría generar fronteras técnicas complejas entre países, tanto en términos de patentes como de intercambio de información.

El desacoplamiento tecnológico entre China y Occidente plantea un desafío considerable para las decisiones de inversión de empresas y gobiernos de países desarrollados. Esta fue una de las conclusiones de la sesión ‘La tecnología y la innovación, claves para la deflación y la productividad’, parte del ciclo ‘El regreso de la geopolítica a la agenda del Consejo de Administración’, organizado por el Centro de Gobierno Corporativo de Esade y EsadeGeo.

Uno de los indicadores de las dificultades europeas para mantener el ritmo tecnológico es el registro de patentes, pero sobre todo el auge de la economía china en su apuesta tecnológica y apoyo a la revolución del coche eléctrico. Según Emma Fernández, miembro del Consejo Asesor del Centro de Gobierno Corporativo de Esade, «Europa ha perdido el liderazgo que un día tuvo con el despliegue de las redes de telefonía móvil». Esta circunstancia, añadió, junto con la pérdida de productividad, «obliga a sus países y empresas a invertir más en tecnología».

El 2024 es previsto como un año crucial para la industria mundial de los microchips. Las aplicaciones de inteligencia artificial han disparado una euforia en torno a las empresas tecnológicas en bolsa y han agudizado la batalla geoestratégica en el marco de las ayudas públicas de la ley estadounidense del chip (‘the Chips act’) de 2022, que anunció inversiones por unos 220.000 millones de dólares en nuevas plantas de fabricación de microchips en los EE.UU.

Raquel Jorge, investigadora del Real Instituto Elcano, señaló que «la cuestión no es qué bloque lidera qué tecnología sino cuál de los dos tiene el monopolio de esa tecnología. Es decir, quién tiene la capacidad de materializarla en producto y comercializarla». Según ella, en la Unión Europea existen tecnologías en las que es competitiva, como la inteligencia artificial y la ciberseguridad; otras, en las que está a la vanguardia, como servidores de datos o nuevas baterías; y otras en las que apenas dispone de capacidades mínimas y requiere la colaboración público-privada.

Carlos López Blanco, presidente de la Fundación ESYS y miembro del Consejo Asesor de Telefónica de España, opina que «el terreno donde se está jugando la hegemonía mundial tecnológica no es en la inteligencia artificial, sino en la computación cuántica, en la que Estados Unidos invierte 3.300 millones de dólares al año». Según él, Europa no puede aspirar a liderar, pero sí a ser relevante en el caso de la regulación y en el de la digitalización de su economía.

Finalmente, María Sicilia, miembro de Enagás, señaló que para la mayoría de las tecnologías, especialmente para la cuántica, «se necesita mucha energía y gran parte del problema para ser competitivo en ella va a ser su precio». Sin embargo, destacó que España está en un punto privilegiado en ese aspecto y ha sido capaz de navegar la crisis y salir en una posición más ventajosa que Alemania. No obstante, mencionó que la transición verde no será fácil y no disminuirá las tensiones geopolíticas.

Por Daniel