El vasto y fecundo universo del arte coreográfico de la renombrada bailarina y coreógrafa belga, Anne Teresa de Keersmaeker, ha vuelto a inundar el escenario del Teatro Central de Sevilla. La aclamada artista presentó, en exclusiva nacional, su última obra, denominada ‘EXIT ABOVE after the tempest’. La pieza, que se estrenó con gran éxito en el prestigioso Festival de Avignon, se ha convertido en una joya más en la corona de la prolífica carrera de Keersmaeker.
El uso de la música, un elemento fundamental y constante en la carrera de la coreógrafa, sigue siendo el eje vertebrador de sus creaciones. Keersmaeker ha adoptado siempre una postura audaz y desinhibida al incorporar música de compositores clásicos y contemporáneos en sus obras, a veces incluso combinando ambos estilos con gran acierto. En ‘EXIT ABOVE after the tempest’, el escenario se encuentra adornado con cuatro guitarras eléctricas de diferentes modelos, indicando desde el principio que la música no solo estará presente, sino que también jugará un papel importante en la obra.
La peculiaridad de Keersmaeker radica en su habilidad para integrar la música en la coreografía, permitiendo que los intérpretes, el guitarrista Carlos Garbin y la vocalista Meskerem Mees, también sean bailarines en las diversas escenas corales de la obra. La compenetración entre los músicos y la danza es tal que parecen ser bailarines que cantan y tocan, en lugar de lo contrario.
La obra es una maravilla constante, desde los inicios con el blues en la maravillosa voz de Mees y la guitarra de Garbin, hasta los efectos del punk y el techno que en determinados momentos establecen un diálogo intenso y casi violento con la danza. Es importante destacar que esta obra está dedicada al guitarrista y compositor Jean Marie Aerts, colaborador de Keersmaeker recientemente fallecido, quien también es el autor de la música de la obra.
El inicio de la obra es intrigante. En un escenario inundado y con pocos elementos, aparece un texto en imagen: «Existe un cuadro de Klee que lleva el título de Angelus Novus. Representa a un ángel que parece alejarse de algo que mantiene fijo en su mirada». A continuación, un bailarín con aspecto de ángel rubio comienza a ejecutar movimientos de break y danzas urbanas bajo un velo que parece flotar, como si fuera en efecto, el de un ángel.
La dulce y armoniosa voz de Meskerem Mees acoge a los bailarines con la guitarra de Garbín. El velo flotante se posa sobre los trece intérpretes y poco a poco va deslizándose entre ellos hasta que finalmente, como si fuera el velo del templo, cae tras los cuerpos.
La obra de Keersmaeker comienza a desarrollarse como una especie de ceremonia, un rito continuado. En el escenario se encuentran dibujadas unas fórmulas geométricas a base de círculos y líneas de colores. Tras un inicio de inquietante silencio, que se rompe con un leve movimiento, llega la tempestad y los bailarines comienzan a desarrollar de forma individual, en pasos a dos, o coralmente, una coreografía llena de provocación, especialmente cuando se dirigen al público con gestos.
La danza de Keersmaeker sigue caracterizándose por su pureza y ductilidad, ejecutada por una compañía de bailarines heterogénea en cuanto a su estética corporal y dancística, y muy joven. Cada uno tiene su propio mundo. Las posturas del extravagante voguing mezcladas con windmill o air flare del break, pasando por unos juegos de caderas característicos de la samba o carreras a velocidad, saltos, cruces vertiginosos, y cientos de movimientos situacionales que hacen componer multitud de figuras corales, casi siempre geométricas, a los intérpretes.
La obra es vibrante y armoniosa, con una interpretación excepcional y con la música en escena que tan bien hace a la danza. El lenguaje coreográfico de Keersmaeker, una vez más, nos deja sorprendidos. A los sesenta años, la coreógrafa se renueva y lo hace sin ningún tipo de filtro, creando una dinámica que va de menos a más hasta llegar a una especie de catarsis en la que todos participamos.
‘EXIT ABOVE after the tempest’ es una pieza excepcional, que establece a Anne Teresa de Keersmaeker como una figura imprescindible en el universo de los grandes creadores europeos. La obra se estrenó en el Teatro Central de Sevilla el 27 de abril a las 21:00, con entradas a 22 euros, y nos dejó una noche para guardar en la maleta de la memoria. A dos días del Día Internacional de la Danza, ha sido el mejor de los regalos.
