Olivia Rodrigo sacude Barcelona con su debut energético
Olivia Rodrigo irrumpió con una energía eléctrica en el Palau Sant Jordi, Barcelona. Fue su debut en este lugar y en España en general. La artista se reveló con un descaro avasallador que dejó a su creciente grey de seguidores en éxtasis. Antes de que la cantante subiera al escenario, los aficionados ya estaban inmersos en una ola de anticipación y emoción. Padres, hijas y grupos de amigos se unieron en la expectativa de esta gran noche. Los sombreros de vaquero, tops de lila y minifaldas de bola de discoteca se convirtieron en el uniforme no oficial de la noche.
Un debut puntual y eléctrico
El concierto estaba previsto para las ocho y media, pero el espectáculo ya había comenzado mucho antes. Las filas de acceso y los puestos de ‘merchandising’ estaban llenos de emoción, con camisetas y bolsos con forma de mariposa volando de las manos de los vendedores. Rodrigo es parte de una nueva generación de estrellas pop surgidas de la factoría Disney, que en lugar de seguir la fórmula de éxito tradicional, ha tomado rutas más inusuales. Su música es un encuentro entre Lorde, Taylor Swift y el punk pop de los noventa, una mezcla que ha sido muy bien recibida por los fans y la crítica.
La anticipación en la sala estaba en su punto más alto cuando apareció en la pantalla la palabra ‘Guts’, título del segundo álbum de Rodrigo. Este álbum la catapultó a la estratosfera de los fenómenos pop de masas. Cuando las luces se apagaron, los móviles se encendieron y los decibelios dispararon, la emoción era palpable. El estallido de emoción fue tan grande que incluso antes de que empezara a sonar ‘Bad Idea Right?’, las gargantas ya habían implosionado en gritos de entusiasmo.
Rodrigo, con solo 21 años, subió al escenario con una energía incontenible. Su actuación estuvo llena de patadas al aire, botas Dr. Martens y purpurina tanto dentro como fuera del escenario. Su banda parecía sacada de un videoclip de Veruca Salt, una referencia que habla del estilo musical de Rodrigo. La cantante literalmente se elevó sobre el público para cantar ‘Logical’ y ‘Enough For You’, rodeada de estrellas y sentada en una media luna de escenario.
Su secreto reside en la combinación de los ardores confesionales de la adolescencia con la dialéctica del pop de estadio. En su música se mezcla el desamor inflamado con el estallido eléctrico, el latigazo de ‘Pretty Isn’t Pretty’ con el piano de cola de ‘Driver License’ y ‘Teenage Dream’. No son solo los ingredientes de su música, sino la forma en que los combina. Los cambios de vestuario rápidos, las plataformas que suben y bajan, los bailarines que aparecen y desaparecen y las canciones en las que apenas se escucha su voz, sepultada por 18.000 gargantas, son parte de su espectáculo.
Antes de ‘Favourite Crime’, alguien le lanzó una camiseta con su cara, la Sagrada Familia y la palabra Barcelona impresa en rojo y amarillo, un gesto que seguro se quedará en su memoria. Aunque la noche tuvo algunos momentos de calma, la energía nunca decayó. Con canciones como ‘Obssesed’ y ‘All-American Bitch’, rebozadas en electricidad, Rodrigo puso el broche final a su actuación. Pero incluso después de eso, la fiesta continuó con los bises ‘Good For 4’ y ‘Get him back!’, que hicieron temblar al Sant Jordi con la euforia de los fans.
Este concierto seguramente será recordado por los fans, la prensa y la propia Rodrigo. La cantante ha demostrado que tiene lo necesario para ser una estrella del pop, con su música, su presencia en el escenario y su conexión con los fans. Aunque algunos padres pueden preferir a los clásicos como Bruce Springsteen, seguro que las jóvenes fans de Rodrigo ya han empezado a construir su propio santoral pop, con ella como uno de los ídolos principales.
