Una saga británica marcada por las contradicciones
Carmen Posadas (Montevideo, 73 años) recrea en Las Mitford, publicada por Espasa, el universo de las célebres hermanas británicas. Aristócratas, bellas y relacionadas con destacadas figuras sociales, culturales y políticas de su época, las Mitford fueron nietas de un reconocido sinólogo y del fundador de Vanity Fair, además de sobrinas de Winston Churchill y Bertrand Russell. Entre sus amistades estuvieron Evelyn Waugh, Cecil Beaton, Dora Carrington, Adolf Hitler, Eleanor Roosevelt, Wallis Simpson y Eduardo VIII.
Sin embargo, destacaron por su propia personalidad. Fueron una familia extravagante, influyente, elegante, rebelde y llena de paradojas dentro de la aristocracia británica. Unity fue una nazi radical; Diana se casó con el líder de los fascistas británicos; Nancy se convirtió en una escritora de éxito; Pamela era homosexual; Jessica fue comunista y precursora del nuevo periodismo; y Deborah, duquesa y propietaria de una mansión conocida como el Versalles inglés.
Una cercanía inesperada
Posadas explica que, después de concluir la novela, descubrió una coincidencia llamativa: las Mitford habían vivido junto al colegio en el que estudió en Inglaterra. Incluso uno de los personajes de A la caza del amor, de Nancy Mitford, compró sus primeras medias de cristal en el mismo almacén en el que ella adquirió las suyas. Por ello, la autora siente que fueron las Mitford quienes la encontraron a ella.
Ya conocía la obra de Nancy Mitford desde sus años escolares. Leyó A la caza del amor y, especialmente, Amor en clima frío, su novela favorita, a la que define como una obra «absolutamente brillante».
El siglo XX a través de las seis hermanas
Para Posadas, las Mitford funcionan como una radiografía del siglo XX. Su relato se inicia en los años veinte, con el crack de 1929 y la desaparición del mundo recreado en Downton Abbey. A partir de entonces surgen los grandes conflictos del siglo, encarnados por las hermanas: una fascista, una comunista y una amiga de Hitler, junto a Nancy, a quien sitúa a la altura de Jane Austen; Deborah, que prolongó aquel mundo idílico al casarse con el duque de Devonshire; y Pamela, amante de los perros y el campo.
La escritora eligió a Pamela como narradora de la novela porque era, aparentemente, la más gris. Frente a las experiencias extraordinarias de sus hermanas, parecía no salirse de lo establecido. No obstante, al final de su vida se enamoró de una mujer, un hecho que Posadas considera profundamente rompedor. A su juicio, la hermana que parecía más convencional pudo ser, en realidad, la más transgresora de todas.
Al construir los diálogos, Posadas asegura que las afirmaciones más sorprendentes pertenecen a las Mitford, mientras que las frases más convencionales son suyas. La razón, señala, es que se trataba de una familia «muy loca».
La tensión entre los Posadas y los Mañé
La autora se reconoce en las contradicciones de las hermanas, sobre todo en Nancy, que era socialista y actuaba a contracorriente de su familia, pero no quiso divorciarse de su marido esnob. Posadas vincula esa dualidad con su propia historia familiar.
Describe a las familias de su padre y de su madre como los Montesco y los Capuleto, pues se detestaban. Los Posadas eran muy convencionales, racionales, anglófilos y apegados a las formas: «uno nunca llora, uno nunca protesta». En cambio, los Mañé eran apasionados, alocados y creativos, con numerosas historias y amores fuera del matrimonio.
Desde niña, sintió que debía elegir entre ambos modelos. Optó por la parte paterna y convencional, aunque reconoce tener un fuerte «ramalazo Mañé», al que atribuye su impulso para escribir. Procura que se imponga su lado convencional para no perder el control de su vida, pues el otro le inspira temor por su carácter desbordado.
El reconocimiento de su padre
Hija de un diplomático y gran amante de la literatura, Posadas no contó a su padre que quería ser escritora porque lo consideraba casi una profanación, especialmente al no haber ido a la universidad. Durante mucho tiempo le envió sus libros sin recibir respuesta.
La situación cambió con Cinco moscas azules. Cuando pensaba que sería la última obra que le remitiría, recibió en su casa un larguísimo fax de su padre, que vivía en Uruguay. En él hacía una crítica literaria detallada de la novela y de sus personajes. Posadas afirma que, aunque después recibió reseñas de The New York Times, The Washington Post y Le Monde, ninguna significó tanto como aquel texto de su padre.
Él murió poco después y llegó a conocer Cinco moscas azules, pero no Pequeñas infamias.
Una madre brillante y una boda extraordinaria en Rusia
Posadas define a su madre como una mujer bellísima, inteligente, capaz de pintar y cantar «como los ángeles», dotada de numerosos talentos y también muy extravagante. Cree que, si lograra escribir el libro sobre ella, le darían el Nobel, aunque admite no sentirse capaz de retratarla como merece.
Entre las anécdotas que ilustran su carácter, recuerda su boda en Rusia. En plena etapa soviética, su madre visitó la única iglesia católica disponible y decidió que era demasiado fea para la ceremonia. Entonces acudió al patriarca de la iglesia ortodoxa y le propuso organizar una boda ecuménica: una boda en un templo ortodoxo celebrada conforme al rito católico.
Le aseguró que el acontecimiento aparecería en periódicos de todo el mundo porque nunca se había hecho algo similar. El patriarca aceptó y Posadas apareció por primera vez en la prensa a raíz de aquella boda, que califica de estrambótica. Según la escritora, su madre era el tipo de persona capaz de «vender helados a los pingüinos», aunque también reunía rasgos maravillosos y otros difíciles.
Churchill, fascismo y tragedias familiares
El padre de las Mitford y Clementine Churchill, esposa de Winston Churchill, eran primos muy cercanos. Posadas menciona el rumor, nunca comprobado, de que Clementine y David, padre de las hermanas, podían ser hermanos porque sus padres habrían mantenido una relación.
Las Mitford trataron a Churchill durante toda su vida. Cuando Diana fue encarcelada, su madre habló con Clementine para intentar lograr su salida. Más tarde, Jessica se encontró con Churchill en la Casa Blanca y se indignó por las condiciones favorables de su hermana en prisión. Su marido acababa de morir a causa de los alemanes y, al considerar a Diana fascista, reprochó a Churchill que tuviera una criada que le hiciera la cama.
Detrás del glamour, las hermanas vivieron graves sufrimientos. Jessica perdió a su marido a los 24 años, quedó sin dinero al otro lado del mundo y tuvo que sacar adelante a su hija. Diana pasó cuatro años en la cárcel. Unity se disparó, sobrevivió y permaneció impedida durante ocho años. Nancy, pese a ser inteligente, sarcástica y rompedora, tuvo una vida sentimental desastrosa y se enamoró de hombres frívolos, egoístas y vacíos.
Nancy Mitford, amor y literatura
Posadas considera que Nancy Mitford puede compararse con Jane Austen porque ambas escribieron sobre estratos sociales similares y construyeron novelas amorosas con interés sociológico, psicológico y de retrato de sociedad.
La autora se declara ajena al auge de la novela romántica. Asegura que en literatura existen dos grandes temas, Eros y Tánatos, amor y muerte, y que le interesa más la muerte. Considera muy arriesgado escribir sobre el amor, ya que se puede caer en la cursilería, el tópico, la pornografía o la banalidad. A su entender, las novelas románticas carecen de esos prejuicios y expresan cosas que ella no diría.
Como ejemplo de una fórmula recurrente, cita el esquema de Cenicienta: una joven pobre conoce al príncipe azul y ambos terminan casándose. Es una estructura presente en Pretty Woman, Betty la Fea y también en algunas novelas de Jane Austen.
En cambio, la muerte le parece el gran asunto literario porque constituye la única certeza. Puede ocurrir que alguien no se enamore, pero inevitablemente morirá. Posadas sostiene que desde niña ha sentido mayor inclinación hacia ese tema, que le causa horror y atracción a la vez. Antes lo veía como algo muy lejano; ahora lo siente más próximo.
La huella inglesa
Posadas mantiene una relación de amor y odio con las Mitford por el trabajo que le exigieron durante la escritura de la novela. Las define como la quintaesencia del esnobismo, hasta el punto de que, según afirma, ni la reina de Inglaterra hablaba como ellas.
Conoce bien ese ambiente porque estudió dos años en un colegio inglés y vivió otros dos en Londres, cuando su padre estuvo destinado allí. En esos círculos, explica, trató a muchas personas de un estilo semejante al de las hermanas Mitford.
