Trump arrasa en los caucus de Iowa

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito de la política ha alcanzado un nuevo hito preocupante. Recientemente, en New Hampshire, Estados Unidos, se produjo un incidente que ha puesto en relieve las capacidades y riesgos de esta tecnología. Decenas de electores demócratas recibieron una llamada que parecía provenir del presidente Joe Biden, instándoles a no votar en las primarias. Sin embargo, la voz no era realmente la de Biden, sino una imitación sintética creada con IA.

En el año 2024, más de la mitad de la población mundial residirá en países que celebrarán elecciones, incluyendo potencias como EEUU, India, México y la Unión Europea. Este año crucial para la democracia también presenta un panorama propicio para la desinformación y la manipulación política.

IA generativa, una rama de la tecnología que puede generar automáticamente textos, imágenes y audios hiperrealistas, ha cobrado notoriedad. Aplicaciones como ChatGPT han popularizado su uso. Sin embargo, en manos equivocadas, esta tecnología podría ser utilizada para propagar desinformación y manipulación a gran escala. Iago Moreno, sociólogo por la Universidad de Cambridge e investigador de campañas de desinformación, advierte que la IA podría revolucionar la forma en que operan los propagadores de odio.

Partidos y gobiernos alrededor del mundo han comenzado a experimentar con estas tecnologías con el objetivo de hacer su propaganda más persuasiva. Según una investigación académica, los anuncios políticos personalizados con IA son más efectivos, lo que debería ser motivo de preocupación para expertos en ética y responsables políticos.

No solo la voz de Biden ha sido clonada para engañar a los electores. También se han manipulado audios y creado imágenes hiperrealistas para desacreditar a figuras públicas, incluyendo a los jueces que investigan a Donald Trump y a las mujeres que testifican contra él. Casos similares han ocurrido en Eslovaquia y Polonia durante sus elecciones.

La IA tiene la capacidad de dar forma a un discurso político con imágenes hiperrealistas, lo que representa un cambio que «cruza todas las líneas», según Moreno. A través de la IA, los temores incrustados en cada ideología pueden ser plasmados como una realidad, independientemente de si el miedo es el apocalipsis climático o la islamización de Occidente.

Las redes sociales enfrentan un gran desafío para contener esta tormenta de bulos sintéticos. Aunque empresas como Google, Meta y OpenAI han prohibido el uso de sus servicios de IA para generar anuncios políticos, no hay garantías de que se cumpla.

La IA no solo amenaza con inundar internet de contenidos sintéticos, sino que también podría dilapidar el mismo concepto de verdad. La saturación informativa en el mundo de la posverdad alimenta el escepticismo generalizado de los ciudadanos. Según un informe del Reuters Institute de la Universidad de Oxford, hasta un 70% de los grandes medios de comunicación del mundo cree que la IA erosionará la confianza en las noticias.

Esta atmósfera de sospecha constante es una base fértil para la manipulación política. La práctica de negar la legitimidad de informaciones ciertas cuando estas son perjudiciales, apodada ‘dividendo de los mentirosos’ (liar’s dividend, en inglés) por los académicos Robert Chesney y Danielle K. Citron, es cada vez más común. Un ejemplo de esto ocurrió en diciembre, cuando Trump denunció haber sido víctima de un anuncio generado con IA en el que aparecía balbuceando, a pesar de que las imágenes usadas eran reales. Para sus seguidores, eso ya no importa.