El sábado 15 de junio fue un día de notable significado para el borde noreste del Aljarafe, un día que vibró con una intensidad y profundidad que recuerda a siglos pasados. En el centro de todo, la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que recibió la Llave de Oro de Santiponce. Este evento seguramente quedará grabado en los recuerdos tanto de los locales como de los visitantes, y por varias razones.
Una de estas razones es el regreso del Cristo al monasterio de San Isidoro del Campo, un lugar donde recibió culto durante varios siglos. En el patio de los naranjos de este destacado enclave, que cuenta con un retablo de Juan Martínez Montañés, se dispuso un altar efímero para la celebración de la solemne misa estacional y el acto de entrega de la llave. Al concluir, dio comienzo la procesión extraordinaria por las calles del municipio que se extendió hasta bien entrada la madrugada.
La apariencia de la formidable talla del siglo XVII, atribuida a José de Arce, también fue un punto destacado del día. Envuelto en una túnica bordada en oro especialmente para la ocasión, ‘la del pueblo’, el Señor lucía más majestuoso que nunca. La iconografía completa acentuaba la unción sagrada de la imagen. Además, el paso de salida de la cofradía, de madera tallada y dorada, incorporaba seis candelabros de guardabrisa cedidos generosamente por la hermandad de la Soledad de Gerena. Estos candelabros proporcionaron la iluminación perfecta cuando cayó la noche.
Momentos de Recogimiento
La luz fue un factor crucial en algunos de los momentos más destacados del recorrido. Tras momentos de júbilo y algarabía, con aplausos y lluvias de pétalos, el paso se adentró de madrugada en una calle completamente a oscuras. El público, expectante, se colocó delante del paso y comenzó a moverse lentamente para no perderse ni un ápice de lo que allí ocurría.
En ese momento, la banda de cornetas y tambores de las Cigarreras comenzó a tocar ‘En tu buena muerte’. La música complementó perfectamente al sobrecogedor desfile del Nazareno por las estrechas vías que conducen al Conjunto Arqueológico de Itálica.
La estrecha calle San Antonio estaba llena de personas que no permitían que el titular de la hermandad del Rosario se quedase solo. Decenas de pequeñas velas repartidas por todos los rincones formaban una constelación de plegarias que los vecinos de Santiponce depositaban en torno a las andas de su protector. Ese día de junio, le habían otorgado la mayor distinción del municipio. Se escucharon ‘Crucifixus’ y ‘Réquiem’ cuando la imagen llegó a las puertas de la antigua ciudad romana de Itálica.
La intimidad de las velas en las aceras y ventanas y los sobrios lamentos de las cornetas dieron paso de nuevo a la celebración que estaba disfrutando este enclave de la provincia, situado a menos de cinco minutos de Sevilla. La fiesta concluyó puntualmente, apenas diez minutos después de las cuatro de la mañana, con la entrada de Nuestro Padre Jesús Nazareno en la parroquia. De esta forma, sin estridencias pero con determinación y un gran conocimiento de lo que estaba celebrando, Santiponce culminó su día más extraordinario.
