Álvaro Fernández Heredia (Madrid, 1980) asumió la presidencia de Renfe en enero de 2025 sin haber gestionado previamente un tren. Su trayectoria profesional y política ha estado vinculada a Óscar Puente, quien primero contó con él en el Ayuntamiento de Valladolid y posteriormente en el Ministerio de Transportes.

De la movilidad sostenible a la cúpula ferroviaria

Antes de llegar a Renfe, Fernández Heredia fue profesor de la Universidad Europea, donde obtuvo el doctorado con la tesis El potencial de las variables latentes en modelos explicativos del uso de la bicicleta. Su especialización estaba centrada en las bicicletas y el transporte sostenible.

Ese perfil propició su incorporación al Ayuntamiento de Madrid en 2015, cuando Manuela Carmena accedió a la alcaldía. Allí dirigió la Empresa Municipal de Transportes (EMT), la mayor compañía de transporte urbano de España. Durante ese periodo, su gestión se enfocó en la renovación de la flota de autobuses y en la ampliación de Bicimad.

Tras el cambio de gobierno en el consistorio madrileño, fue recomendado a Óscar Puente por concejales del PSOE en Madrid. Puente, entonces alcalde de Valladolid, le situó al frente de Auvasa, la empresa municipal de transporte de la ciudad. Fernández Heredia abandonó Valladolid en 2023 por motivos personales, aunque, según el artículo, buscaba regresar a la actividad política.

En mayo de ese año se integró en las listas de Más Madrid para el Ayuntamiento de la capital y resultó elegido concejal. Desde esa posición cuestionó las políticas de movilidad de José Luis Martínez-Almeida y de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. Cuando Puente fue nombrado ministro de Transportes en noviembre de 2023, volvió a incorporarlo a su equipo.

El paso por el Ministerio y la llegada a Renfe

Fernández Heredia fue primero secretario general de Movilidad Sostenible. Apenas diez meses después recibió el nombramiento como presidente de Renfe. Su retribución pasó de alrededor de 90.000 euros en Movilidad Sostenible a los 186.171,5 euros que percibe en la empresa ferroviaria.

Una persona que trabajó con él afirma: «Tiene un perfil de arrogancia intelectual que le hace despreciar a los equipos. No sabe escuchar». Un antiguo colaborador sostiene, además, que Fernández Heredia tenía una «obsesión contra Ayuso» y que tanto él como el ministro pretendían actuar como «cortafuegos» de la presidenta madrileña.

Según el texto, al llegar a Renfe planteó a los equipos la intención de transformar el servicio de Cercanías de Madrid para el siglo XXI.

Críticas por los nombramientos y la reorganización interna

Los sindicatos cuestionaron que su designación se efectuara sin un proceso abierto y competitivo, al considerar que ello perjudicaba la independencia del operador público. El artículo sostiene que, durante sus menos de dos años al frente de Renfe, se produjo una salida de técnicos mediante prejubilaciones y otras bajas, sustituidos por perfiles procedentes de la política y sin experiencia ferroviaria en muchos casos.

En los primeros siete meses de gestión se realizaron 28 incorporaciones, con un coste de 2,5 millones de euros. Entre los nuevos colaboradores había especialistas en transporte terrestre —incluidos antiguos compañeros de Auvasa—, además de financieros, consultores y periodistas.

La Secretaría General y del Consejo de Administración

Renfe convocó la plaza de Secretaría General y del Consejo de Administración sin exigir ser abogado del Estado, requisito que, según la información, se había mantenido durante los 20 años anteriores. El puesto fue adjudicado a José María Vicent, hasta entonces secretario general técnico del Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid.

Una fuente interna asegura que el nombramiento estaba decidido desde el primer día. Dentro de la empresa surgieron críticas hacia Fernández Heredia por presunto «enchufismo».

Crisis ferroviarias y respuesta de la compañía

Durante su mandato, Fernández Heredia ha afrontado las crisis de Cercanías y de Rodalies en Cataluña, así como el malestar de los maquinistas. Tras los accidentes de Adamuz y Gelida, en los que murieron tres trabajadores, los maquinistas cuestionaron que mantuviera los servicios de Rodalies pese a las malas condiciones meteorológicas. Antes de una reunión prevista con él en Barcelona, le arrojaron sus chalecos amarillos y abandonaron el encuentro.

Después de los accidentes de Adamuz y Urda, el presidente de Renfe ha tratado de desvincularse de responsabilidades y ha señalado a Adif, según el artículo. En una nota remitida a los medios el sábado por la noche, Renfe afirmó: «Ninguno de los dos recientes accidentes ferroviarios se han atribuido a fallos en los sistemas de seguridad de los trenes».

La comunicación se difundió mientras aumentaban las informaciones sobre los nombramientos en las cúpulas de Renfe y Adif, así como sobre el incremento de los gastos de los directivos frente a la reducción de los recursos destinados al mantenimiento ferroviario.

Por su parte, Renfe defiende que quienes integran sus órganos de dirección cuentan con «trayectorias acreditadas en los ámbitos de la movilidad, la gestión pública, la ingeniería, la planificación del transporte, la innovación y la gestión empresarial».